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Ciencia

Almacenando el CO₂ en el mar

Para mantener el calentamiento global en niveles manejables será necesario eliminar el dióxido de carbono de la atmósfera y almacenarlo en otro lugar. Los océanos del mundo pueden ser una opción prometedora

Por Sandy Ong/Knowable en español
31 de May. 2026 | 4:02 am

Cerca del extremo oriental de Canadá, en el pintoresco puerto de Halifax, en Nueva Escocia, una empresa local se ha sumado a la lucha contra el cambio climático. Allí, Planetary Technologies ha descubierto cómo convertir el agua de refrigeración de una central eléctrica en una herramienta contra el calentamiento global, mejorando su capacidad para absorber dióxido de carbono del aire.

Fundada en 2019, Planetary Technologies está a la vanguardia de un esfuerzo mundial emergente para almacenar las emisiones de carbono industriales en el océano. Aún es pronto —la mayoría de las empresas solo cuentan con pruebas de concepto o plantas piloto, y hay obstáculos considerables por superar antes de que puedan reducir las emisiones a una escala significativa—, pero muchos expertos en clima ven el almacenamiento de carbono en el océano como una herramienta prometedora para la descarbonización.

La ventana de oportunidad para limitar el calentamiento global más allá de niveles catastróficos se está cerrando rápidamente. Los expertos coinciden cada vez más en que, para evitar un cambio climático descontrolado y alcanzar emisiones netas cero de CO₂ en la atmósfera, debemos ir más allá de la eliminación gradual de los combustibles fósiles: también debemos eliminar el carbono que ya se ha emitido.

"No hay cero neto sin la eliminación del dióxido de carbono", afirma Andrew Lenton, director de CarbonLock, un programa de investigación sobre la eliminación de CO₂ en CSIRO, la agencia científica nacional de Australia.

Hasta ahora, los esfuerzos de eliminación se han limitado en gran medida a la tierra, desde la plantación de árboles, hasta la construcción de instalaciones que capturan CO₂ directamente del aire. Pero muchos de estos enfoques tienen un gran inconveniente: la competencia por la tierra y otros recursos. "Esa es una de las razones por las que se ha mirado hacia el océano", afirma Scott Doney, biogeoquímico de la Universidad de Virginia y coautor de un artículo de 2025 sobre métodos de eliminación de dióxido de carbono marino publicado en el Annual Review of Marine Science.

El océano ya es uno de los mayores aliados de la humanidad en materia climática: ha absorbido más del 90 % del exceso de calor generado por el calentamiento global. Es un gigantesco sumidero de carbono, que almacena un tercio de todo el carbono emitido por los seres humanos desde la Revolución Industrial y, en total, 42 veces más carbono que la atmósfera. "¿Por qué no imitar lo que ya sabemos que funciona en circunstancias naturales?", dice el cofundador de Planetary Technologies, Greg Rau, biogeoquímico marino de la Universidad de California en Santa Cruz.

 

El océano como esponja

Aprovechar el inmenso potencial del océano para secuestrar CO₂ —un campo conocido como eliminación marina de dióxido de carbono— puede hacerse de diversas maneras (vea recuadro). Estos esfuerzos tienen como objetivo potenciar los procesos biológicos o químicos que ocurren de forma natural y que convierten el carbono en formas inorgánicas estables, reteniéndolo en el agua de mar durante cientos o miles de años. Si pensamos en el océano como una esponja gigante que absorbe CO₂ del aire, el almacenamiento de carbono en el océano tiene como objetivo mejorar su capacidad de absorción o aumentar el tamaño de la esponja.

Una forma prometedora de hacerlo es la denominada "mejora de la alcalinidad oceánica". Planetary Technologies se dedica a una variante de este método. "Si logramos encontrar una forma de aumentar la alcalinidad, eso incrementará de hecho la capacidad del océano para absorber dióxido de carbono", explica el biogeoquímico marino Patrick Martin, de la Universidad Tecnológica de Nanyang de Singapur, que no está afiliado a Planetary Technologies.

Con un pH medio de 8,04, la superficie del océano ya es alcalina, gracias a un proceso natural denominado meteorización de las rocas. Esto ocurre cuando el CO₂ atmosférico se disuelve en el agua de lluvia y reacciona con las rocas alcalinas de la tierra para formar iones de carbonato y bicarbonato, que luego son arrastrados al océano. Este proceso actúa como el termostato natural de nuestro planeta y es lo que ha mantenido a raya el dióxido de carbono —y las temperaturas globales— durante la mayor parte de la historia de la Tierra.

Por desgracia, la meteorización de las rocas ha tenido dificultades para seguir el ritmo de las emisiones de carbono humanas: se desarrolla a lo largo de decenas de miles de años, demasiado lentamente para corregir el rápido calentamiento de nuestro planeta. El aumento de la alcalinidad oceánica tiene como objetivo acelerar este proceso elevando la alcalinidad por otros medios.

Por ejemplo, Planetary Technologies, en colaboración con la Universidad Dalhousie de Nueva Escocia, añade una suspensión calcárea de hidróxido de magnesio al agua de salida de una central eléctrica antes de que esta se vierta al puerto. Esta suspensión, explica Rau, se disuelve lentamente en el agua de mar, evitando así picos repentinos en el pH. "Es como un efecto de liberación gradual", afirma.

El hidróxido de magnesio hace que el agua de mar sea más alcalina, lo que provoca que el CO₂ disuelto se convierta en iones de bicarbonato y carbonato estables que pueden permanecer secuestrados en el agua de mar hasta cien mil años. La conversión de este CO₂ disuelto altera el equilibrio químico del agua de mar y, para restablecerlo, el océano absorbe más CO₂ de la atmósfera.

En las instalaciones de Planetary Technologies en Halifax, Canadá, se añade hidróxido de magnesio al agua de mar, lo que aumenta su alcalinidad. Esto, en última instancia, atrapa el dióxido de carbono del aire y lo almacena en el océano en forma de iones de carbonato y bicarbonato.

En las instalaciones de Planetary Technologies en Halifax, Canadá, se añade hidróxido de magnesio al agua de mar, lo que aumenta su alcalinidad. Esto, en última instancia, atrapa el dióxido de carbono del aire y lo almacena en el océano en forma de iones de carbonato y bicarbonato.

Desde que comenzó a operar en septiembre de 2023, la planta de Planetary Technologies en Nueva Escocia ha eliminado más de 3.600 toneladas métricas de CO₂, lo que la convierte en una de las líderes en el almacenamiento de carbono en el océano. En junio de 2025, la empresa entregó los primeros créditos de carbono por mejora de la alcalinidad oceánica verificados de forma independiente del mundo —derechos vinculados a proyectos de reducción de emisiones que las empresas o particulares pueden adquirir para compensar sus emisiones— a sus clientes Stripe, Shopify y British Airways. Dos meses después, firmó un acuerdo por valor de 31,3 millones de dólares con Frontier, una coalición de compra de créditos de carbono cuyos patrocinadores incluyen a Meta y Google, para entregar 115.211 toneladas métricas de créditos de eliminación de carbono durante los próximos cuatro años.

La startup italiana Limenet está explorando una vía diferente para aumentar la alcalinidad en sus instalaciones de la costa este de Sicilia. La cal extraída de una cantera local se mezcla con agua de mar y CO₂ procedente de una planta de biogás cercana, formando una solución acuosa de bicarbonato cálcico. A continuación, esta se devuelve al océano, donde se almacena en forma de iones de bicarbonato.

Otras empresas también están desarrollando proyectos para aumentar la alcalinidad del océano, entre ellas Vycarb, Vesta y CREW Carbon en Estados Unidos, así como Capture6 en Australia.

Aumentar la alcalinidad podría, a escala local, contrarrestar otro efecto nocivo de las emisiones de combustibles fósiles: la acidificación de los océanos. Debido a las emisiones industriales de carbono, el pH medio del agua marina superficial ha descendido de 8,2 a 8,04 a nivel mundial, lo que supone un aumento del 30% en la acidez.

Esto es especialmente perjudicial para los organismos marinos —incluidos los corales, los crustáceos, los moluscos y algunos tipos de plancton— que construyen exoesqueletos y conchas de carbonato cálcico. Cuando el pH desciende, los iones de carbonato se vuelven menos disponibles, lo que tiene repercusiones negativas en las redes tróficas marinas y en la pesca, afirma David Kwabi, ingeniero medioambiental de la Universidad de Yale. Aumentar la alcalinidad de los océanos puede mitigar este efecto a nivel local, aunque es poco probable que el beneficio sea global. "En principio, la salud de la vida marina podría beneficiarse", afirma Kwabi.

A medida que aumenta la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera, el agua del mar se vuelve más ácida. Esto pone en peligro la capacidad de los organismos marinos, como estos diminutos organismos unicelulares llamados foraminíferos, para formar conchas a partir del carbonato cálcico. Las iniciativas para alcalinizar el océano podrían aliviar localmente los efectos de la acidificación sobre estos organismos.

A medida que aumenta la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera, el agua del mar se vuelve más ácida. Esto pone en peligro la capacidad de los organismos marinos, como estos diminutos organismos unicelulares llamados foraminíferos, para formar conchas a partir del carbonato cálcico. Las iniciativas para alcalinizar el océano podrían aliviar localmente los efectos de la acidificación sobre estos organismos.

Un camino cuesta arriba

Pero, a pesar de todo el potencial del almacenamiento de carbono en los océanos, siguen existiendo importantes obstáculos antes de que estas tecnologías puedan aplicarse en el mundo real a una escala significativa. Para empezar, los científicos deben estudiar cómo afectará a los organismos y ecosistemas marinos la manipulación de la química oceánica. Añadir una gran cantidad de material alcalino en un punto concreto podría alterar la química oceánica demasiado rápido y estresar la vida marina si no se hace con cuidado, afirma Doney.

"El diablo siempre está en los detalles", añade Martin. "Todo se reduce a saber exactamente con qué concentraciones estamos trabajando. ¿A qué velocidad se diluye?".

Por ahora, existen pocos o ningún dato real sobre cómo afectará a la vida marina el aumento del pH del océano (Planetary Technologies y otras empresas subrayan que supervisan de cerca la salud marina durante las pruebas). "Aún no hemos realizado tantos experimentos biológicos, con una variedad de especies lo suficientemente amplia, como para estar realmente seguros de las respuestas", afirma Martin.

La eliminación de CO₂ marino también plantea cuestiones espinosas de gobernanza internacional, dado que es probable que los cambios en el agua del océano traspasen las fronteras nacionales. "La gobernanza es relativamente fácil cuando se realiza este tipo de manipulación en tierra, porque afecta a un solo país", afirma el oceanógrafo Jean-Pierre Gattuso, de la Universidad de la Sorbona en París. "Pero, actualmente, no existe ninguna regulación para los mares abiertos".

También persisten las dudas sobre si los esfuerzos de almacenamiento de carbono en el océano pueden realmente lograr una huella de carbono negativa. Un análisis de 2022 que estudió el encalado oceánico —un tipo de aumento de la alcalinidad del océano que consiste en esparcir piedra caliza procesada en el océano— concluyó que la respuesta es sí. Para extraer 1.000 kilos de CO₂ de la atmósfera, según calcularon los autores, era necesario esparcir 1.321 kilos de cal en el agua de mar. La extracción, el procesamiento y el esparcimiento de esa cal emitieron solo 449 kilos de gases de efecto invernadero, lo que implica una reducción neta global de carbono. El beneficio sería aún mayor si también se pudiera capturar y almacenar parte o la totalidad del CO₂ liberado durante el procesamiento, señalaron.

Hay que resolver otras cuestiones prácticas. Para que el almacenamiento de carbono en el océano tenga cabida en el mundo real —y para que las empresas puedan vender créditos en los mercados de carbono—, las empresas y los gobiernos deben establecer sistemas precisos y fiables para supervisar, notificar y verificar la cantidad de carbono secuestrado.

Los esfuerzos de investigación para cuantificar la cantidad neta de carbono almacenado están "muy en fase de desarrollo", afirma Martin. El seguimiento del carbono secuestrado en el océano es tremendamente difícil, ya que las corrientes oceánicas y la mezcla hacen que las señales se dispersen y se diluyan a lo largo de grandes distancias. "Es como mezclar nata en el café en la superficie de la taza", dice Doney. "Con el tiempo, se mezclará y se extenderá por toda la taza".

Luego está la cuestión de la escala. Las instalaciones de Planetary Technologies eliminan actualmente unas 10.000 toneladas métricas de carbono de la atmósfera cada año, una mera gota en el océano si tenemos en cuenta que los expertos estiman que necesitamos capturar entre 7 y 9 gigatoneladas de CO₂ al año para cumplir nuestros objetivos de cero emisiones netas a mediados de siglo. Para lograr un impacto significativo en el problema global, tendrían que ampliar su capacidad de forma masiva y rápida. Eso podría requerir un esfuerzo de extracción igual o superior al de la industria cementera mundial; la producción de cemento alcanzó la asombrosa cifra de 4.200 millones de toneladas en 2024.

Y, "se necesitarían un millón de estas plantas, o habría que ampliarlas 1.000 veces", afirma Doney. "Obviamente, no vamos a construir un millón de estas plantas en todo el mundo".

Pero, según Lenton, las iniciativas para aumentar la alcalinidad del océano se pueden integrar fácilmente en la infraestructura hídrica existente, como las instalaciones de tratamiento de aguas residuales y las plantas desalinizadoras, lo que eliminaría la necesidad de construir un gran número de instalaciones desde cero.

Y, añade, el almacenamiento de carbono en el océano no es más que una herramienta útil en una caja llena de estrategias de descarbonización que, con suerte, pueden llevar al mundo a alcanzar el cero neto. "Ningún método por sí solo puede hacerlo todo", afirma.

Este artículo apareció originalmente en Knowable en español , una publicación sin ánimo de lucro dedicada a poner el conocimiento científico al alcance de todos. Suscríbase al boletín de Knowable en español.

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