Incendios en botaderos clandestinos agravan contaminación de aire, agua y suelo
Las altas temperaturas, los periodos secos y la acumulación descontrolada de residuos convierten los botaderos clandestinos en focos de incendio que contaminan el aire, el agua y el suelo, con efectos graves para la salud humana y el ambiente.
El problema va más allá del humo visible. Cuando un botadero clandestino se incendia, el impacto alcanza el aire, el agua y el suelo. También amenaza a la fauna, la flora y a las personas que viven cerca.
Además, obliga al Cuerpo de Bomberos a destinar miles de litros de agua, combustible y personal para atender emergencias que, en muchos casos, pudieron evitarse.
Bomberos ha realizado cerca de 3.200 atenciones por quema de basura en áreas de desechos a nivel nacional, según indicó el coordinador de la Estación de Bomberos de Pavas, Natzul Mondol.
El calor sí influye, pero no es el único factor
El aumento de temperaturas asociado al cambio climático sí puede crear condiciones más propicias para que ocurran incendios en botaderos clandestinos, especialmente durante meses secos y calurosos. Sin embargo, los expertos insisten en que no se debe simplificar el fenómeno.
El investigador del Centro de Investigaciones Geofísicas de la Universidad de Costa Rica (UCR), Hugo Hidalgo, explicó que marzo y abril suelen ser los meses más cálidos del año en Costa Rica, pero que fenómenos como El Niño podrían intensificar aún más las temperaturas en los meses venideros.
Según detalló, el calor ambiental combinado con pocas lluvias, seca materiales altamente inflamables presentes en estos sitios, como cartón, papel, plástico y residuos combustibles.
El experto agregó que los residuos orgánicos también representan un riesgo adicional. Durante su descomposición generan metano, un gas inflamable que, junto con otros gases acumulados en condiciones secas, puede favorecer incendios.
Jorge Rojas, coordinador de Análisis Ambiental de la Universidad Nacional (UNA) señaló que la evidencia científica aún es limitada para afirmar una relación directa entre cambio climático e incendios en botaderos ilegales.
Rojas explicó que sí existe una relación sólida entre el aumento de temperaturas y los incendios forestales, pero en botaderos clandestinos predominan otros detonantes, especialmente la acción humana.
Aun así, reconoció que las sequías, ondas de calor y ambientes secos aumentan el riesgo de ignición.
La basura puede calentarse hasta incendiarse
Aunque muchos incendios son provocados, también existen procesos naturales que pueden favorecer el fuego.
Mondol explicó que los residuos orgánicos generan calor durante la descomposición. Cuando se acumulan grandes cantidades de basura, especialmente en ambientes secos y con poca humedad, esa temperatura puede aumentar hasta favorecer la combustión.
En algunos casos, el fuego ni siquiera es visible al inicio. Según Rojas, parte de los residuos queda semienterrada, por lo que la ignición puede desarrollarse bajo tierra antes de propagarse.
Sin embargo, Bomberos insiste en que gran parte de estos incidentes tiene origen humano. Mondol señaló que muchas personas incendian residuos para extraer cobre, hierro u otros materiales reutilizables. Otros responsables serían quienes reciben basura ilegalmente y luego la queman para reducir volumen y seguir recibiendo desechos.
Aire contaminado y riesgos para la salud
Uno de los efectos más graves ocurre en el aire.
La quema de residuos clandestinos provoca combustiones incompletas que generan sustancias altamente tóxicas.
Rojas aseguró que el humo libera partículas finas y gases peligrosos capaces de afectar el sistema respiratorio y cardiovascular.
"Muchos de esos compuestos han demostrado actividad cancerígena y algunos ya son cancerígenos demostrados", afirmó.
Mondol agregó que materiales como hule, vinil, pinturas o sustancias químicas presentes en los residuos liberan gases venenosos durante la combustión.
Entre ellos mencionó el monóxido de carbono, capaz de desplazar el oxígeno del torrente sanguíneo y poner en riesgo tanto a personas como animales quienes pueden morir envenenados.
Además del humo, los botaderos clandestinos pueden convertirse en focos para enfermedades. Hidalgo alertó que la mala disposición de residuos favorece criaderos de vectores relacionados con enfermedades como dengue.
El agua y el suelo también sufren consecuencias
Muchos botaderos clandestinos se ubican cerca de ríos o quebradas. Cuando Bomberos aplica agua para controlar incendios, o cuando llegan lluvias intensas, los contaminantes pueden desplazarse hacia cuerpos de agua.
Mondol explicó que los residuos suelen contener desde estañones con químicos hasta pinturas, llantas y sustancias desconocidas. Al mezclarse con agua, esos compuestos pueden filtrarse al suelo o llegar a mantos acuíferos.
El impacto también alcanza la fauna y flora cercanas, que se ven expuestas al humo tóxico, altas temperaturas y contaminación del entorno.
El alto costo de apagar incendios evitables
El problema también tiene una factura económica.
Mondol relató que Bomberos llegó a atender entre cuatro y cinco veces en un mismo día un botadero clandestino en el tajo Comag en Pavas. En algunos casos, el personal ha utilizado hasta 24 mil litros de agua en un solo evento sin lograr extinguir completamente el fuego.
A esto se suma el combustible, la movilización de varias unidades y el personal destinado durante horas.
"La última vez estuvimos desde las 10 de la mañana hasta las 4 de la tarde bombeando", recordó.
Eso implica desatender otras emergencias o trasladar recursos desde otras estaciones.
¿Cómo enfrentar el problema?
Los especialistas coinciden en que el combate no depende únicamente de Bomberos.
La vigilancia ciudadana, las denuncias, una mejor gestión municipal de residuos y mayor conciencia social son parte de la solución.
Hidalgo considera que la población debe exigir acciones a las municipalidades para frenar la proliferación de botaderos ilegales.
Mientras tanto, Mondol hizo un llamado a no normalizar estas prácticas.
El bombero advirtió que muchas personas no perciben las consecuencias inmediatas, pero terminan afectando su propia comunidad y las generaciones futuras.
"Tal vez de momento yo no voy a percibir el daño, pero más adelante sí, o a mis hijos o mis nietos les va a afectar", concluyó.




















