Esta es la causa de la “catarata de sangre” en Antártida

3 de Ago. 2026 | 6:37 pm
Peter Rejcek/National Science Foundation

Peter Rejcek/National Science Foundation

En la Antártida existe una catarata de la que brota agua de color rojizo y con un alto contenido de hierro, lo que tiñe parte del glaciar Taylor con un líquido que parece sangre. Durante años, el origen de este extraño fenómeno ha intrigado a investigadores y científicos. Ahora, un estudio publicado en la revista Nature Geoscience podría ofrecer una respuesta.

La catarata, conocida como Blood Falls o Catarata de Sangre, se encuentra en el Valle Seco de McMurdo, una de las regiones más secas de Antártida. En esta zona las precipitaciones son escasas y los fuertes vientos contribuyen a eliminar la humedad. Debido a las condiciones extremas del lugar, el acceso a Blood Falls se realiza mediante helicóptero desde estaciones de investigación cercanas.

Esta catarata fue descubierta en 1911 por el investigador autraliano Thomas Griffith Taylor. En este momento, se pensaba que el color se causaba por algas.

Los investigadores determinaron que el hierro responsable del característico color rojizo del agua proviene de un sistema de salmuera subglacial ubicado bajo el hielo, donde han sobrevivido microorganismos marinos durante miles de años. El hallazgo apunta a que el origen del fenómeno tiene un componente biológico y no exclusivamente geológico.

El análisis reveló una predominancia de linajes de microorganismos eucariotas marinos en la zona de Blood Falls. Para identificar estos organismos, los científicos realizaron análisis genéticos de 167 muestras de agua, sedimento y aire recolectadas tanto en la catarata como en diferentes puntos del glaciar y sus alrededores.

Los resultados sugieren que estos microorganismos podrían haber permanecido atrapados bajo el hielo durante al menos 1,5 millones de años, en un entorno aislado de las condiciones de la superficie.

Este descubrimiento abre la puerta a investigaciones sobre la existencia de vías de agua ocultas bajo el hielo, ecosistemas microbianos desconocidos e incluso procesos químicos antiguos que podrían ayudar a comprender mejor la evolución de nuestro planeta y las condiciones extremas en las que puede existir vida.

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