¿Qué está pasando en Etiopía? La violencia vuelve a Tigray y preocupa a África

Las tropas federales etíopes entraron el 3 de octubre de 2026 en Mekelle, la capital del estado de Tigray, que había sido abandonada en gran parte por las autoridades rebeldes de la región

Las tropas federales etíopes entraron el 3 de octubre de 2026 en Mekelle, la capital del estado de Tigray, que había sido abandonada en gran parte por las autoridades rebeldes de la región. AFP

Si tiene solo unos segundos, lea estas líneas:

  • Tigray vuelve a estar en guerra casi cuatro años después del acuerdo que puso fin al conflicto anterior. Las fuerzas federales etíopes retomaron Mekelle, mientras los combates continúan en Tigray y regiones vecinas.
  • La nueva escalada combina disputas internas con tensiones regionales. El TPLF formó una alianza con otros grupos armados para enfrentar al Gobierno, mientras las relaciones entre Etiopía y Eritrea se deterioraron por el acceso al mar Rojo.
  • El conflicto amenaza con convertirse en una crisis regional y humanitaria. La violencia ya provoca desplazamientos y dificultades para acceder a alimentos y servicios, mientras la participación de países vecinos aumenta el riesgo de una confrontación más amplia.

Etiopía vuelve a estar bajo tensión por una nueva escalada de violencia en Tigray, casi cuatro años después del acuerdo que puso fin a una guerra que dejó cientos de miles de muertos y una profunda crisis humanitaria.

Los combates entre las fuerzas federales etíopes y combatientes vinculados al Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF) se intensificaron en septiembre y rápidamente se extendieron por el norte del país.

La ofensiva también reavivó las tensiones con Eritrea y aumentó el temor de que la confrontación involucre a otros países del Cuerno de África, una región marcada por disputas territoriales, políticas y estratégicas.

¿Qué está pasando en Tigray?

Las fuerzas federales etíopes y grupos aliados retomaron el control de Mekelle, capital de Tigray, y de su aeropuerto, después de la retirada de combatientes del TPLF y sus aliados.

El TPLF forma parte de una nueva alianza integrada por siete grupos armados. El grupo aseguró que la salida de Mekelle fue temporal y buscó evitar una mayor destrucción de la ciudad.

Los combates continúan en otras zonas de Tigray y también existen reportes de enfrentamientos en las regiones vecinas de Afar y Amhara.

La violencia llegó incluso a Addis Abeba, donde varias explosiones ocurrieron a principios de octubre. El episodio aumentó el temor de una expansión de los enfrentamientos hacia otras zonas del país.

¿Por qué volvió la violencia?

El conflicto no desapareció con el Acuerdo de Pretoria, firmado en noviembre de 2022. El pacto puso fin a la guerra entre el Gobierno federal y el TPLF, pero dejó pendientes varias disputas políticas y territoriales.

Además, Eritrea y las fuerzas de la región de Amhara, participantes en la guerra, quedaron fuera del acuerdo.

Con el paso del tiempo, las relaciones entre Addis Abeba y Asmara volvieron a deteriorarse. Uno de los principales puntos de tensión es el interés de Etiopía por conseguir un acceso directo al mar Rojo.

La situación se agravó en septiembre, cuando el TPLF se unió con otros seis grupos armados para formar una alianza contra el Gobierno del primer ministro Abiy Ahmed.

¿Quiénes están enfrentados?

En un bando se encuentran las fuerzas federales etíopes y sus grupos aliados.

En el otro está el TPLF, acompañado por otras seis organizaciones que integran la nueva coalición opositora armada.

Por eso, la confrontación actual supera una disputa entre el Gobierno de Addis Abeba y Tigray. También intervienen rivalidades regionales y tensiones acumuladas durante años.

¿Por qué Eritrea es un factor clave?

Eritrea combatió junto a las fuerzas del Gobierno etíope durante la guerra de 2020 a 2022 contra el TPLF. Sin embargo, la relación entre ambos países se deterioró después de aquella confrontación.

Uno de los principales desacuerdos es el interés de Etiopía en recuperar un acceso directo al mar Rojo. El país perdió su salida marítima cuando Eritrea se independizó en 1993 y actualmente depende de naciones vecinas para buena parte de su comercio exterior.

El Gobierno de Abiy sostiene que una salida al mar resulta necesaria para el desarrollo económico de Etiopía. Eritrea, por su parte, rechaza cualquier medida que pueda afectar su soberanía sobre sus puertos.

Las tensiones aumentaron en octubre, cuando Etiopía cerró su embajada en Eritrea y expulsó a diplomáticos de ese país, al que acusó de actividades hostiles. Eritrea rechazó las acusaciones y anunció la ruptura de relaciones diplomáticas con su vecino.

¿Qué papel tienen Egipto y Sudán?

La crisis de Tigray ocurre en una región donde también existen otras disputas.

Etiopía acusa a Egipto y Sudán de respaldar a grupos armados que combaten contra el Gobierno. Ambos países rechazan esas acusaciones.

Egipto mantiene además una disputa de larga data con Etiopía por la Gran Presa del Renacimiento Etíope, construida sobre el Nilo Azul.

Para Addis Abeba, la presa representa un proyecto estratégico para generar electricidad y promover el desarrollo del país. Egipto y Sudán, en cambio, temen que su funcionamiento afecte el suministro de agua del que dependen millones de personas.

De esta forma, Tigray vuelve a quedar en medio de un complejo entramado de disputas y rivalidades regionales.

¿Por qué preocupa que la violencia se extienda?

Etiopía es uno de los países más poblados de África y ocupa una posición estratégica en el Cuerno de África.

Una guerra prolongada podría provocar nuevos desplazamientos y agravar las necesidades humanitarias de una población que todavía arrastra las consecuencias de la confrontación anterior.

Además, la participación directa o indirecta de países vecinos aumenta el riesgo de que una disputa concentrada inicialmente en Tigray adquiera una dimensión regional.

¿Qué está pasando con la población?

La población de Tigray vuelve a quedar atrapada en medio de los combates.

Los enfrentamientos provocaron desplazamientos y dificultades para acceder a alimentos, combustible, dinero y asistencia humanitaria. También existen interrupciones en servicios básicos.

El temor es que la nueva escalada desemboque en una crisis similar a la de 2020-2022, cuando millones de personas necesitaron ayuda humanitaria y numerosas comunidades quedaron devastadas.