¡Así es como vive un matrimonio feliz!
Los sábados, en el trapiche movido por bueyes, huele a miel y caña de azúcar

Don Ovidio Alpízar y su esposa Mireya Quirós viven en las afueras del cantón alajuelense de Atenas. Foto VHVargas.
Sin teléfonos inteligentes que a muchos atolondran; sin equipos de sonido que a otros tantos ensordecen y sin perillas para encender la cocina o las carreras mensuales porque se acabó el gas… Así vive un matrimonio feliz en el pueblo que, afirman, tiene el mejor clima del mundo.
Están lejos de todo y cerquita de todo. El patio mide 3,5 hectáreas, herencia de los abuelos al padre y de este a sus hijos. Y en la cerca que separa la actual casa paterna de sus hijos que viven al lado, cargas completas de leña de café.
Hasta el plátano frito aquí sabe diferente. Y ni qué decir de la sopa de mondongo o la olla de carne. En el centro de la casa, una mata de chayote y a la orilla de la pila donde se lavan los trastos, racimos de bananos, guineo cuadrado y plátanos maduros, todo cultivado en la finca.
Como en todas las casas de campo, el fuego se enciende antes de las 5 de la mañana y se apaga cuando se van a acostar.
Y tradiciones por todo lado: empezando por los cimientos de la casa de los abuelos, construida sobre lo que fue un trapiche movido por bueyes en el siglo XIX. En el corredor volado, una carreta típica bien pintada y encima de todo, un yugo, construido por un yerno.
_Venga por aquí, me dice el dueño de casa. Y me lleva por todos los rincones de su residencia.
Mejor terapia, no pude recibir.
Orgulloso comparte conmigo decenas de placas y trofeos obtenidos a lo largo de media vida como boyero en cuanto desfile existe. Y saca fotos y empieza a disparar recuerdos.
_Cuando aquí sembrábamos maíz había que trabajar duro. Desgranábamos las mazorcas en pilones. También cultivaban frijoles, ayotes y otras delicias.
Ovidio Alpízar Arias, de 68 años, es el hombre de esta historia. Me invita a acompañarlo 80 metros más abajo donde vive su hija Geisel y su yerno Elías Rodríguez. El hombre hace lo que sea en madera: carrocerías para camión, yugos para bueyes con madera de mango o capulín y los vende cuando se los encargan a 60 mil colones sin pintar y a 110 mil pintados, como los de Sarchí.
Este matrimonio construyó su casa. Una prefabricada; pero en lugar de usar cemento en las paredes, las hicieron de madera. Una belleza.
Antes de partir, Ovidio me tiene otra sorpresa. Me lleva al trapiche, movido por bueyes.
"Muele" todos los sábados, para mantener la tradición. Saca 20 tamugas de dulce de tapa, 80 unidades a mil colones cada una. E invita a sus vecinos para que compartan esa tradicional fiesta.
Me despido y no me suelta sin antes regalarme una mano de guineos, otra de bananos y un saco con mangas y el acostumbrado saludo de un campesino genuino.
_Vuelva cuando quiera.
El campo, qué lindo es el campo y la gente buena que ahí vive.







