Banda de “Los Lara” baleó a familia y la desterró de su casa para convertirla en búnker

13 de Jul. 2026 | 12:34 am
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Para "Javier" y su familia, la vida se detuvo abruptamente hace aproximadamente cinco años. Lo que comenzó como una tarde cualquiera en el distrito de Hatillo, donde habían vivido toda su vida, se transformó en una pesadilla marcada por la violencia, las balas y el destierro.

De la noche a la mañana, una propiedad familiar, completamente pagada y libre de deudas, pasó a convertirse en un búnker de operaciones para una de las organizaciones criminales más temidas de la capital: la banda de "Los Lara".

La invasión no fue producto de una negociación ni de un intento de compra. Fue un acto de violencia y despojo. Integrantes de la organización llegaron a la vivienda con una exigencia directa: debían desalojar la casa porque ellos lo pedían.

Al desconocer la peligrosidad de quienes los amenazaban, uno de los miembros de la familia se negó rotundamente a entregar el patrimonio construido durante toda una vida. La respuesta del grupo criminal fue inmediata y despiadada.

Un par de días después, tras un fuerte enfrentamiento verbal, uno de los delincuentes sacó un arma de fuego y le disparó en cinco ocasiones, según relata Javier, nombre ficticio utilizado para proteger la identidad del testigo por razones de seguridad.

"Primero llegaron y dijeron: ‘Váyanse de aquí. Nosotros vamos a ocupar la casa y ya está'. Mi familiar les respondió: ‘No, ¿cómo que se van a adueñar de la casa?'. En ese momento no sabía realmente quiénes eran.

Después, al día siguiente o dos días más tarde, volvieron y ahí fue donde tuvieron el enfrentamiento. El otro simplemente sacó la pistola y le disparó cinco veces".

Milagrosamente, la víctima sobrevivió al ataque. Sin embargo, las secuelas físicas y el terror psicológico marcaron el fin de su vida en ese barrio. Ante la gravedad de la situación y mientras el herido permanecía hospitalizado, la familia tomó la dolorosa, pero necesaria, decisión de abandonar todo para salvar sus vidas.

El desalojo fue tan violento y precipitado que no les permitieron sacar absolutamente ninguna de sus pertenencias. La familia tuvo que huir únicamente con la ropa que llevaba puesta, dejando atrás muebles, recuerdos y todo su patrimonio.

"No nos dejaron sacar absolutamente nada. Ahí quedó todo. Solo nos dijeron: ‘Con la ropa que llevan puesta, váyanse'. Así tuvimos que irnos todos. Perdimos la casa y absolutamente todas las pertenencias".

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Exiliados de su hogar

Desde ese momento, la estructura familiar se fracturó por completo. Para proteger sus vidas, sus integrantes tuvieron que dispersarse y refugiarse por separado en distintos lugares del país, algunos de ellos en zonas rurales o cantones alejados para evitar ser localizados.

Quienes se trasladaron al campo tuvieron que rehacer sus vidas y aprender oficios que desconocían para poder salir adelante. La distancia no solo ha sido física, sino también emocional, lo que ha dificultado que la familia vuelva a reunirse después de casi cinco años de separación.

Mientras tanto, la vivienda usurpada fue convertida por "Los Lara" en un búnker. Según los relatos de vecinos con los que Javier se encuentra ocasionalmente en paradas de autobús o en el centro de San José, la casa es utilizada para almacenar y distribuir drogas, además de servir como refugio para reconocidos sicarios de la organización.

Los testigos describen un constante movimiento de personas que entran y salen con bolsas a cualquier hora del día. El control de la banda sobre el territorio, asegura, es absoluto.

Aunque los principales líderes de la organización se encuentran en prisión, continúan dirigiendo las operaciones y dando órdenes a sus colaboradores desde la cárcel, según la información que reciben de personas que permanecen en la comunidad.

La banda mantiene vigiladas a las familias que ha despojado de sus viviendas. Si alguno de sus integrantes intenta acercarse al barrio o es visto en la zona, los cabecillas ordenan atacarlo de inmediato.

Recientemente, una familiar que transitó cerca del lugar fue perseguida a balazos y tuvo que escapar para salvar su vida. Este nivel de violencia ha impedido que la familia interponga una denuncia formal ante las autoridades, debido al temor de sufrir represalias mortales.

"Nosotros teníamos la vida hecha. Toda la familia vivía cerca: los abuelos, las tías, todos. Mi vida se destruyó totalmente. Tuve que irme al campo y empezar de cero, buscando qué hacer y cómo salir adelante. Nos cambió la vida por completo".

El miedo es tal que Javier y sus allegados ni siquiera pudieron asistir a los velorios ni a los funerales de sus dos abuelas, quienes residían en el mismo barrio y fallecieron por causas naturales.

Incluso, asegura que la muerte de una de ellas se aceleró tras el impacto emocional que le provocó presenciar el asesinato de un primo de la familia frente a un condominio cercano, crimen que atribuyen a los mismos sicarios que operan en la zona.

Hoy, Javier observa con esperanza los recientes operativos policiales desarrollados en el sector y hace un llamado urgente para que las autoridades intervengan la vivienda, la sellen y mantengan vigilancia permanente sobre el inmueble.

Tras cinco años de pagar alquileres, buscar empleo en nuevos lugares y reconstruir sus vidas lejos del hogar donde crecieron, la familia solo anhela que se haga justicia y recuperar, algún día, la paz que la violencia les arrebató.

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