Banda de Pioja usaba terreno municipal y un hotel para vender droga

Hotel, verdulería, pulpería y hasta vía pública eran puntos de alta venta de droga

La organización narco de Luis Ricardo Rodríguez Chaves, alias Pioja, cabecilla criminal de Hatillo detenido en 2022, se apoderó de terrenos, un hotel y otros negocios en Hatillo y sus alrededores para operarlos como búnkeres y puntos de venta de droga. La Fiscalía contra el Narcotráfico intervino 32 de esos sitios, entre ellos un terreno municipal en barrio María Reina que la banda usaba como búnker clandestino que operaba a toda hora.

Ese inmueble, que fue arrebatado a la organización, es uno de los puntos que durante años sostuvo el dominio de la banda sobre varias comunidades del sur de San José.

Según detalla el expediente del caso Imperio, la propiedad se utilizaba como punto de reunión para consumidores de sustancias como marihuana, cocaína y crack. El mismo grupo sostenía el lugar para asegurarse un nicho de venta de las drogas que distribuía.

De hecho, durante el operativo policial realizado en dicho terreno, se ubicó a un grupo de nueve personas que presentaban características físicas típicas de quienes padecen adicción a las drogas. Este era uno de los principales puntos estratégicos de venta de la banda.

Principalmente durante el liderazgo de Pioja, María Reina se convirtió en uno de los principales mercados de narcomenudeo y centros de distribución de drogas de la capital, al punto de ser apodado coloquialmente por la Fiscalía como el "Mall de las Drogas".

La venta se extiende a lo largo de un circuito de ocho cuadras que funciona como un "autoservicio". Filas de vehículos ingresan de forma constante para adquirir crack, cocaína y marihuana. A pesar de que los líderes guardan prisión y enfrentan juicios, las autoridades creen que Rodríguez y sus aliados continúan dictando órdenes para mantener el control de los negocios.

Como respuesta, la Policía Municipal de San José (PMSJ) mantiene un enfoque operativo para retomar el control de terrenos públicos y privados, especialmente en zonas como María Reina. Esta estrategia incluye la demolición física de estructuras.

La PMSJ no solo realiza inspecciones, sino que también utiliza maquinaria pesada municipal, como retroexcavadoras, para derribar por completo las estructuras improvisadas —construidas con latas, verjas, madera y muros— levantadas en las alamedas y lotes baldíos de María Reina.

Hotel capitalino

Otro de los principales sitios de venta era el Hotel La Fortuna, ubicado en el centro de San José. Según la Fiscalía, este inmueble fue adquirido por el administrador Mayid Cano por una suma de $600.000.

Posteriormente, habría simulado un contrato de arrendamiento con Alexander Chaves para justificar y bancarizar las ganancias provenientes de la droga. Dentro del edificio existía una distribución interna destinada a la logística de venta de drogas.

En el sótano, en la primera habitación a la izquierda, se almacenaban grandes cantidades de marihuana —picadura, sumidades floridas y plantas—, así como implementos para su dosificación, embalaje y preparación.

En la antepenúltima habitación a la izquierda del sótano funcionaba un centro de almacenamiento de dosis listas para la venta. Allí se decomisaron 600 envoltorios plásticos con marihuana, 900 envoltorios de papel aluminio con cocaína y dinero en efectivo de bajas denominaciones.

En la planta baja, específicamente en la habitación 111, se encontraron envoltorios plásticos con marihuana, dosis de cocaína en polvo, cuadernos con anotaciones de montos, fechas y nombres, además de dinero en efectivo.

En la habitación 1 de la planta baja se halló cocaína en polvo, un arma de fuego tipo revólver calibre .38 Special, con municiones, y dinero en efectivo.

En la segunda planta, en la habitación 212, se almacenaban envoltorios de papel aluminio con crack, envoltorios plásticos con cocaína en polvo, marihuana, dinero en efectivo y libretas con anotaciones.

Víctor Carranza tenía la función de almacenar, preparar y dosificar las drogas en este hotel, distribuirlas a los vendedores terminales asignados al sitio y supervisar la actividad. Los vendedores terminales identificados en este punto eran Miguel González; Brandon Masis, alias Clavo; Roger Rojas; Kevin Lozano, y Christopher Bernal.

Otros puntos estratégicos

A este se suma otro punto denominado "El Rinconcito" ubicado en la vía pública, también en María Reina. Los administradores del punto de venta en Hatillo eran Maikol Parra, alias Lento; Pedro Cordonero, alias Colochos, y Mayid Cano, alias M33.

Miembros de rango medio, como Marvin Rodríguez, alias Araña, y Kenneth Cascante, se encargaban de supervisar las ventas, realizar arqueos de dinero, definir roles y horarios, y suministrar o distribuir las dosis de droga —marihuana, cocaína, crack, ketamina y éxtasis/MDMA— a los vendedores terminales de este punto.

También operaban allí vendedores terminales como Freddy Ramírez, alias Yuca; Roger Sandoval, alias Don Ramón; Stephen Cascante, alias Jovi; Lennin Rizo; Juan Alvarado, y Herling Villagra.

La organización también utilizaba una verdulería ubicada en la urbanización Zorobarú, en San Sebastián. Según la investigación, Ricardo Carballo y su hijo, Kevin, utilizaban el establecimiento para almacenar, dosificar y expender drogas.

Otro de los puntos era el abastecedor o pulpería Los Ángeles, ubicado en barrio María Reina. Este establecimiento era utilizado por Marta Carvajal para almacenar y contabilizar el dinero generado por las ventas.

Además, miembros de la organización, como Ana Álvarez, Wendy Avellán y Ricardo Carballo, utilizaban sus viviendas para dosificar y almacenar drogas, custodiar armas de fuego destinadas a la seguridad de los alijos y guardar el dinero recaudado.

Comentarios
0 comentarios