Bombas, retahílas y palabras únicas: así habla Guanacaste

Retahilas

Así habla Guanacaste: bombas, retahílas y palabras que solo nacieron aquí

La identidad de Guanacaste también se escucha. Está en las bombas que arrancan risas, en las retahílas recitadas casi sin tomar aire, en los refranes que pasan de generación en generación y en palabras o formas de hablar que cualquier guanacasteco reconoce de inmediato.

Cada 25 de julio esas expresiones cobran aún más protagonismo durante los actos cívicos y las fiestas populares. Sin embargo, quienes las preservan recuerdan que forman parte de una tradición que se mantiene viva durante todo el año y que representa mucho más que un acento: es una manera de contar la historia y la identidad de la provincia.

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El arte de contar historias rimadas

Carlos Leitón Cortés, vecino de Pozo de Agua de Nicoya, lleva más de 16 años dedicado a las retahílas.

Su historia comenzó cuando apenas tenía 10 años.

"Esto nació por allá del 2010, cuando le mandaron un video a mi mamá de un retahilero reconocido guanacasteco. Desde entonces empecé con este arte. Primero decía bombas en la escuela y después entré al mundo de la retahíla", recuerda.

Para él, esta tradición oral representa mucho más que un espectáculo.

"Es un arte tradicional y cultural de nuestros antepasados, de nuestras raíces guanacastecas, que realmente no se debería dejar morir", afirma.

Leitón explica que, aunque muchas personas utilizan ambos términos como sinónimos, una bomba y una retahíla tienen características distintas.

La bomba es breve y suele construirse en cuatro versos con una rima que culmina en un remate. La retahíla, en cambio, desarrolla una historia más extensa, con numerosas rimas y un relato que puede inspirarse en hechos reales o ficticios.

Su talento lo ha llevado a compartir escenario con artistas nacionales e internacionales. Durante las celebraciones del 25 de julio del año pasado participó junto al cantante colombiano Jessi Uribe y al grupo mexicano Calibre 50. También ha coincidido con Julión Álvarez, Edwin Luna, Gilberto Santa Rosa y Maelo Ruiz, además de presentarse en prácticamente todos los cantones de Guanacaste.

Sin embargo, asegura que su mayor satisfacción no está en esos escenarios.

"Es un orgullo ser quien soy y vivir donde vivo. También es una forma de ayudar a los jóvenes y a los niños que vienen detrás de uno para que vivan esta cultura y estas tradiciones y no las dejen morir".

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Un legado que pasa de abuelos a nietos

Felipe Ronaldo Rodríguez Espinoza también ha dedicado buena parte de su vida a conservar la tradición oral guanacasteca.

Aunque trabaja como funcionario municipal, es conocido por recopilar y recitar refranes, bombas y expresiones populares que forman parte de la cultura de la provincia.

Ese conocimiento ya comenzó a transmitirse a una nueva generación.

Su nieta, Lia Elena Rosales Moya, de apenas seis años, aprende bombas siguiendo los pasos de su abuelo.

Mientras Felipe comparte los refranes que ha reunido durante años, Lia Elena recita con entusiasmo versos que representan para muchos niños el primer contacto con una tradición profundamente arraigada en Guanacaste.

Mucho más que un acento

Para el filólogo y lingüista Víctor Sánchez, profesor emérito de la Universidad de Costa Rica y miembro de la Academia Costarricense de la Lengua, las particularidades del español guanacasteco comenzaron a formarse mucho antes de la llegada de los españoles.

Su origen se remonta a los pueblos mesoamericanos, especialmente a los chorotegas, cuya lengua y cultura dejaron una huella que más tarde se mezcló con el español.

Esa combinación dio origen a una variedad lingüística con rasgos propios, distinta de la que se desarrolló en el Valle Central.

"El español guanacasteco es mucho más que un acento", resume el especialista.

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Esa identidad todavía se refleja en la manera de hablar de muchos habitantes de la provincia.

Sánchez destaca la tendencia de algunas personas a modificar la pronunciación de ciertas palabras. Un ejemplo es decir sandilla en lugar de sandía, un rasgo que incluso quedó plasmado en el nombre del distrito de Sandillal.

También señala la aspiración de la letra "s", que produce pronunciaciones como "lojotros" en vez de "nosotros", así como una forma particular de pronunciar la "r".

Otro rasgo característico es el uso del artículo antes del nombre propio en conversaciones familiares.

"¿Qué sabés de la Juana?", ejemplifica el lingüista.

Para Sánchez, todas estas particularidades forman parte de una identidad lingüística construida durante siglos y que continúa diferenciando a Guanacaste del resto del país.

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Una identidad que se transmite con la palabra

Las bombas, las retahílas, los refranes y las expresiones propias de Guanacaste son mucho más que una forma de hablar.

Son una herencia cultural que sigue transmitiéndose de generación en generación gracias a quienes la enseñan, la practican y la mantienen presente en la vida cotidiana.

Por eso, aunque el 25 de julio les da mayor visibilidad, esta tradición oral permanece viva durante los 365 días del año, recordando que la identidad de Guanacaste también se preserva cada vez que alguien recita una bomba, cuenta una retahíla o pronuncia una palabra que solo en esta provincia conserva su verdadero significado.

Esta información forma parte de un especial sobre los desafíos que enfrenta Guanacaste en el marco de la conmemoración de la Anexión del Partido de Nicoya. Estas son las demás publicaciones de la serie:

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