Pacientes con cáncer de mama lideran reclamos ante Sala IV: “Yo no tenía corona”

11 de Ago. 2026 | 1:53 am

Geizel Esquivel tenía 35 años cuando recibió un diagnóstico que jamás imaginó. Sin antecedentes familiares, le detectaron un cáncer de mama hormonal HER2 positivo, uno de los tipos más agresivos de la enfermedad. Para entonces llevaba casi 20 años cotizando a la seguridad social y confiaba en que, si algún día enfermaba, el sistema respondería.

Pero ocurrió lo contrario.

Mientras recibía quimioterapias, su oncólogo le prescribió un medicamento monoclonal que consideraba indispensable debido a la agresividad del tumor. La respuesta de la CCSS fue negativa.

Ese fue el inicio de una lucha que nunca imaginó tener que enfrentar. En medio de citas médicas, efectos secundarios, miedo e incertidumbre, tuvo que aprender cómo funcionaba un recurso de amparo, reunir documentos y acudir a la Sala Constitucional para reclamar el tratamiento.

"En uno de los momentos más vulnerables de mi vida necesité del sistema y fue la primera vez que me encontré con la negativa de un medicamento que necesitaba para mi tratamiento", recuerda.

La Sala Constitucional estudió el caso y resolvió a su favor. La CCSS acató el fallo y finalmente entregó el medicamento. Sin embargo, el tiempo perdido pasó factura.

Como el tratamiento no llegó cuando debía, el cáncer no respondió de la manera esperada y quedó enfermedad residual. Su oncólogo le indicó entonces un segundo medicamento para reducir el riesgo de recaída.

La historia volvió a repetirse.

La CCSS también rechazó ese tratamiento y Esquivel tuvo que presentar un segundo recurso de amparo.

Incluso, recuerda que cuando recibió la negativa del segundo medicamento, el documento hacía referencia a que ella ya había acudido anteriormente a la Sala Constitucional. Aun así, la obligaron a repetir todo el proceso.

Mientras enfrentaba el cáncer, tuvo que volver a recopilar documentos, presentar pruebas y esperar una nueva resolución.

"Es demasiado duro no solamente luchar contra una enfermedad, sino que a veces contra el mismo sistema", afirma.

Por segunda ocasión, la Sala Constitucional falló a su favor y la institución suministró el medicamento.

Hoy, casi tres años después, permanece en remisión. Volvió a trabajar, retomó su vida y continúa aportando al sistema de seguridad social. Esa experiencia la lleva a cuestionar los señalamientos contra quienes recurren a la Sala Constitucional.

"Yo no tenía ninguna corona. Yo tenía cáncer", dijo en referencia a las declaraciones de la diputada Marta Esquivel, quien dijo que las personas que acudían a la Sala IV por una cirugía pendiente o en busca de un medicamento eran "ticos con corona".

Dice que nunca buscó un privilegio ni un trato especial. Lo único que hizo fue defender el derecho a recibir el tratamiento que su médico había considerado necesario para combatir una enfermedad que amenazaba su vida.

También asegura que muchas veces piensa en quienes reciben una negativa y regresan a sus casas creyendo que ya no existe ninguna otra alternativa, sin saber que pueden acudir a la Sala Constitucional para defender su derecho a la salud.

Para Esquivel, acceder a esos medicamentos cambió por completo su historia.

De no haberlos recibido, asegura que las posibilidades de una recaída o de que el cáncer no pudiera controlarse eran mucho mayores.

"Hoy estoy aquí contando mi historia. Muy probablemente no me hubiera curado si no hubiera recibido esos medicamentos", sostiene.

Otra historia, la misma lucha

La historia de Priscilla Brenes tiene varios puntos en común con la de Geizel.

Con apenas 35 años también fue diagnosticada con cáncer de mama HER2 positivo, un tipo de tumor caracterizado por su rápido crecimiento.

Debido al tamaño del tumor, primero recibió quimioterapia para intentar reducirlo y hacer posible una cirugía que permitiera conservar la mama.

Posteriormente, su oncólogo le indicó complementar el tratamiento con pertuzumab junto con trastuzumab, una combinación que ofrecía un mejor control del crecimiento del cáncer.

Sin embargo, el pertuzumab fue rechazado por la CCSS. Al igual que Geizel, la única alternativa fue acudir a la Sala Constitucional.

Aunque el recurso se resolvió en pocos meses, durante ese tiempo solo pudo recibir una parte del tratamiento indicado, lo que prolongó el tiempo que tuvo que permanecer medicada.

Finalmente recibió el medicamento y el resultado fue el mejor que podía esperar. Tras la cirugía, los médicos no encontraron células cancerosas.

Pero asegura que el desgaste no terminó con la resolución judicial.

Uno de los momentos que más la marcó fue tener que someterse a una valoración médico-forense para determinar si procedía el suministro del medicamento.

"Uno siente que tiene que demostrar si vale la pena o no que le pongan el medicamento", expresa.

Recuerda ese proceso como uno de los episodios más difíciles emocionalmente durante toda la enfermedad, porque sintió que debía convencer a otros de que merecía acceder al tratamiento.

Las historias de Geizel Esquivel y Priscilla Brenes reflejan la realidad detrás de las cifras de la propia CCSS.

Mientras el cáncer de mama encabeza los recursos de amparo por acceso a medicamentos en Costa Rica, decenas de pacientes deben enfrentar una doble batalla: una contra una enfermedad potencialmente mortal y otra para lograr que el sistema les suministre tratamientos que sus especialistas consideran necesarios.

Y detrás de esos expedientes que llegan a la Sala Constitucional, insiste Geizel, no hay personas buscando privilegios.

Así lo evidencian datos de la Dirección de Farmacoepidemiología de la CCSS, que ubican al cáncer de mama como la enfermedad que concentró la mayor cantidad de recursos de amparo por medicamentos entre 2022 y mayo de 2026.

Detrás de esa estadística hay historias de mujeres que, además de enfrentar uno de los momentos más difíciles de sus vidas, tuvieron que iniciar una batalla legal para acceder a los tratamientos que sus propios oncólogos consideraban necesarios.

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