En el Tempisque, mantener agua en los humedales es un trabajo que vuelve a empezar cada año
En Mata Redonda, una laguna también es un lugar donde el ganado puede calmar la sed. Conservar esa agua cuando escasea la lluvia es parte del trabajo con el que las comunidades y las instituciones buscan adaptarse al cambio climático.
Las familias de Rosario, en Guanacaste, llevan allí sus vacas, caballos y cerdos a beber. Ese acceso está permitido desde la creación del refugio, en 1994, y hace que conservar el humedal sea parte de la vida de la comunidad.
Para que los animales encuentren agua, hay trabajo que debe repetirse cada año. Limpiar los canales. Sacar sedimentos. Mantener las compuertas. Controlar las plantas que cubren la superficie. Son tareas que ayudan a conservar el agua y a prepararse para los períodos secos.
Anthony Ruiz, administrador del Área de Conservación Tempisque, explicó cómo esas tareas ayudan a sostener los humedales cuando escasea la lluvia.
"No ha llovido, pero gracias a las compuertas y a los trabajos de rehabilitación en los humedales, tenemos agüita".
Detrás de esa "agüita" hay funcionarios, asociaciones comunales e instituciones que trabajan para que el agua llegue y permanezca. De ella dependen animales silvestres, ganado y pequeños negocios turísticos.
Ruiz y sus compañeros atienden Cipancí, Mata Redonda y Corral de Piedra. Las tres áreas protegidas abarcan 7.671 hectáreas. Son cuatro funcionarios. Según señala, necesitarían al menos 17 para cubrir las labores.
Las alianzas con las comunidades les permiten sacar adelante parte de ese trabajo.
Abrirle paso al agua

Fotografía: Joel Morales
El Tempisque conecta estos ecosistemas. Lo que ocurre río arriba también llega a los humedales de la cuenca baja.
Ruiz explicó que el río arrastra sedimentos que se acumulan en los canales. Con el tiempo, el suelo se eleva y el paso se estrecha. El agua encuentra cada vez más dificultades para llegar a los lugares donde hace falta.
Por eso, limpiar una vez no alcanza.
"Todos los años tenemos que estar en esos trabajos para la rehabilitación del ecosistema del humedal de Mata Redonda".
En Corral de Piedra, la rehabilitación de los canales permite llevar agua hacia la parte que pertenece al Estado. Allí también se utilizan compuertas para retenerla.
El funcionamiento sigue el ritmo de la marea: cuando sube, se permite el ingreso del agua; antes de que baje, las compuertas se cierran para conservarla en el humedal.

Fotografía: Joel Morales
Mata Redonda también cuenta con una compuerta principal. Mantenerla en buenas condiciones es una de las tareas que Ruiz considera fundamentales para enfrentar los períodos secos.
El trabajo busca que los humedales sigan ofreciendo agua y alimento a las especies que los habitan. También sostiene actividades de las comunidades vecinas.
En Rosario, el ganado necesita la laguna. En Pozo de Agua, una asociación participa en la rehabilitación de Corral de Piedra y recibe visitantes mediante un permiso de uso.
Una planta que vuelve a crecer

Fotografía: Joel Morales
Conservar el agua también exige controlar la tifa, una planta que ocupa grandes extensiones del humedal.
Ruiz describe una lucha persistente. La cortan, la aplastan, la inundan y vuelve a crecer.
Cuando cubre el humedal, reduce la superficie de agua abierta y afecta las condiciones para peces y aves, explicó el funcionario.
Personas de Pozo de Agua participan en su corte mediante un programa del Ministerio de Trabajo. Así, el mantenimiento del ecosistema también genera una oportunidad de ingreso para habitantes de la comunidad.
En Mata Redonda, el ganado contribuye al manejo de la planta: pisa la tifa y come sus retoños mientras utiliza el humedal.
A estas labores se suma la extracción del lirio de agua que llega por el río.
Para Ruiz, sostener los trabajos requiere la participación de varias instituciones y de quienes viven cerca.
"Para la restauración y rehabilitación de humedales, a una institución por sí sola le cuesta muchísimo. Tiene que haber mucha gente integrada a los trabajos".
El agua también ayuda frente al fuego

Fotografía: Joel Morales
Cuando el humedal se seca, aparece otra amenaza.
Ruiz señala que los incendios afectan cada año sectores de Corral de Piedra. La tifa seca facilita que las llamas avancen y dificulta contenerlas.
El funcionario recuerda un incendio en el cerro La Cueva. Para impedir que bajara hacia el humedal, el equipo pasó un día abriendo una ronda de 2,5 kilómetros con machetes y sopladoras.
Dos días después, según relata, prendieron fuego al otro lado de la ronda. El incendio terminó por bajar.
Las consecuencias alcanzan a los animales que permanecen en el humedal. Ruiz menciona cocodrilos enterrados en el barro para pasar el verano, tortugas y cangrejos.
Las zonas donde se ha logrado conservar agua ofrecen una protección frente a ese avance.
"Lo que nos salva acá es que donde tenemos la rehabilitación no entra el fuego".
Por eso, limpiar los canales también forma parte de la preparación para la temporada de incendios. Permite que las mareas lleven agua hacia distintos sectores antes de que el terreno se seque.
Un hogar para el jabirú
Entre las aves que necesitan estos humedales está el jabirú, el cual está en peligro de extinción y solamente hay 180.
Ruiz explicó que la sequía afecta sus sitios de alimentación y reproducción. Cuando falta agua, también escasean los peces y las anguilas de los que se alimenta.
El equipo participa en el monitoreo de la especie junto con organizaciones dedicadas a su conservación. Sus cambios de población pueden alertar sobre problemas en el ecosistema y sobre la necesidad de intervenir.
Pero el trabajo de protección también ocurre fuera de esos conteos. Los boteros avisan si observan cambios en el color del río, olores extraños o posibles cazadores. Las organizaciones comunales apoyan la recolección de residuos y reportan problemas ambientales.
Ruiz reconoce ese aporte en medio de la falta de personal. También señala necesidades pendientes: torres de observación y equipo para monitorear la calidad del agua.
En Mata Redonda y Corral de Piedra, conservar el humedal exige volver sobre las mismas tareas. El sedimento se acumula otra vez. La tifa crece de nuevo. Las compuertas necesitan mantenimiento.
De que ese trabajo continúe depende que las familias de Rosario tengan dónde llevar sus animales a beber y que, aun cuando la lluvia escasee, quede agua para la vida del humedal.
Esta información forma parte de un especial de adaptación al cambio climático en Guanacaste. Estas son las otras publicaciones de la serie:



