Narcotraficantes se apoderan de extracción y compra de oro en Corcovado

Por Alvaro Sánchez y Carlos Castro
28 de Abr. 2026 | 12:06 am

Los operativos de funcionarios del Sinac y Fuerza Pública con constantes.

La penetración del crimen organizado ha convertido la extracción ilegal de oro en el Parque Nacional Corcovado en un negocio estructurado: financia operaciones, provee insumos, compra el mineral y lo lava a través de circuitos que llegan hasta San José y fuera del país, según la Fiscalía Ambiental y funcionarios del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC).

En medio de la selva, donde los guardaparques caminan hasta dos días para llegar a sectores remotos como los ríos Tigre y Sirena, han comenzado a detectar una logística sofisticada que, según la Fiscalía y funcionarios del Sinac, replica esquemas propios del narcotráfico.

El guardaparques del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac), Óscar Beita, explica que son recorridos extenuantes. Jornadas de hasta dos días atravesando ríos crecidos, lodazales y senderos apenas visibles, hasta alcanzar sectores remotos. Ahí la escena cambia: árboles en el suelo, tierra removida y señales claras de actividad humana.

Corcovado no es cualquier bosque. Es considerado uno de los lugares con mayor concentración de vida en el mundo, con cientos de especies de flora y fauna conviviendo en un mismo territorio. Sin embargo, ese mismo aislamiento que lo protege también lo convierte en un espacio vulnerable.

El fiscal coordinador de la Fiscalía Adjunta Ambiental, Luis Diego Hernández, explicó que los casos ya no pueden analizarse como hechos aislados. La Fiscalía ha optado por abordar estas actividades como fenómenos estructurados, donde distintos actores cumplen roles específicos dentro de una cadena.

"Se logra identificar grupos que no solo extraen, sino que financian, transportan y suministran materiales peligrosos como cianuro o mercurio. Es una organización que domina toda la logística", explicó el fiscal.

El funcionario señala que este enfoque permite conectar conductas que, por sí solas, no siempre constituyen delito, pero que dentro de una estructura adquieren relevancia penal.

"En zonas como Puerto Jiménez vemos incursión sistemática en ecosistemas frágiles, muchos de ellos patrimonio natural del Estado, lo que evidencia una dinámica organizada", añadió el funcionario del Ministerio Público.

Grupos de coligalleros operan en algunas zonas de los ríos Sirena y Tigre.

El oro como nuevo negocio criminal

En el terreno, quienes enfrentan esa realidad son los guardaparques del Sistema Nacional de Áreas de Conservación. Óscar Beita, con años de experiencia en la zona, asegura que lo que antes era una actividad aislada hoy responde a una estructura mucho más compleja.

Según su relato, las organizaciones narco no solo facilitan el ingreso al parque, sino que proporcionan todo lo necesario para operar: maquinaria, combustible, alimentos e incluso la compra del oro extraído.

Ese esquema, advierte, abre la puerta a otro fenómeno: la legitimación de capitales.

El impacto ambiental de estas actividades es profundo y, en muchos casos, irreversible. En zonas como los ríos Tigre y Sirena, los guardaparques han detectado excavaciones, alteración de cauces y uso de químicos altamente contaminantes. El mercurio y el cianuro, utilizados para separar el oro, terminan filtrándose en el agua y afectando tanto a la fauna como a las comunidades cercanas.

Pero el daño va más allá de lo visible. Corcovado funciona como un sistema interconectado. La alteración de un punto repercute en todo el ecosistema: desde especies en peligro hasta procesos naturales como la regeneración del bosque.

A esto se suma la presión humana. La apertura de senderos ilegales, la acumulación de residuos y la permanencia prolongada de personas en zonas protegidas generan un deterioro progresivo.

Los operativos en montaña conllevan caminatas de hasta dos días para sorprender a los delincuentes ambientales.

Los operativos en montaña

Llegar a estos puntos no es sencillo. Los guardaparques trabajan en condiciones extremas: aislamiento, comunicación limitada y exposición constante. Permanecen días dentro del bosque, muchas veces en pareja, enfrentando no solo el entorno natural, sino también posibles amenazas.

Las denuncias por intimidación no son ajenas a esta realidad. Según reconocen las autoridades, existe preocupación por posibles presiones para que funcionarios omitan reportes o reduzcan su intervención. Aun así, quienes patrullan la zona insisten en continuar.

El fiscal Hernández y el subdirector del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), Vladimir Muñoz coinciden en que el aumento en el precio internacional del oro ha sido un factor determinante.

Así como ocurre en otras regiones del país, la rentabilidad de este mineral ha incentivado la expansión de la minería ilegal, atrayendo tanto a pequeños extractores como a estructuras más sofisticadas.

La mayor parte del mineral extraído de Corcovado es comprado por sospechosos de narcotráfico. Campamentos como este son instalados en medio de la selva.

¿Quién compra el oro?

El rastro del oro que se extrae ilegalmente en el Parque Nacional Corcovado no termina en la selva. Según el relato de un guardaparques, detrás de esta actividad se ha consolidado una cadena que conecta con estructuras criminales que operan en el Pacífico sur.

De acuerdo con su testimonio, el sedimento o mineral extraído es adquirido por personas ligadas al narcotráfico en zonas como Sierpe, Puerto Jiménez y Golfito. Estas redes no solo financian la extracción, sino que también se encargan de comprar el oro y colocarlo en circuitos donde adquiere apariencia de legalidad.

El mecanismo, según explicó el funcionario, permite transformar dinero de origen ilícito en un activo difícil de rastrear. El oro, por su naturaleza, puede ser fundido, transportado y comercializado sin mayores controles, lo que facilita su ingreso al sistema financiero nacional como si se tratara de una actividad legítima.

Cada gramo puede alcanzar valores cercanos a los ₡69.000, lo que convierte esta práctica en un negocio altamente lucrativo. Ese margen económico ha incentivado la participación de más actores y ha fortalecido la estructura detrás de la actividad.

CR Hoy siguió el rastro de este mineral y constató que, aunque parte se comercializa en la zona sur, una porción significativa es trasladada hacia San José, donde se concentra su venta y eventual procesamiento. En algunos casos, incluso, el oro termina saliendo del país.

Así, lo que inicia como una excavación en plena selva termina insertándose en una red más amplia, donde el oro no solo representa riqueza natural, sino también una vía para legitimar capitales.

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