Potreros se convierten en bosques en territorios indígenas

Bosque secundario. Foto: Ingrid Lacayo
Fincas que durante décadas fueron potreros están volviendo a convertirse en bosques en distintos territorios indígenas.
Son terrenos que las comunidades recuperan para reforestar, proteger fuentes de agua y crear espacios para conservar especies de flora y fauna. Pero el objetivo va más allá de restaurar el bosque: también buscan recuperar parte de su cultura, sus conocimientos tradicionales y el vínculo con la naturaleza que heredaron de sus antepasados.
En el territorio Maleku, por ejemplo, la lideresa indígena Ingrid Lacayo explica que muchas tierras dejaron de estar en manos de las comunidades debido a engaños ocurridos décadas atrás.
A algunos indígenas les cambiaban sus terrenos por productos como arroz, azúcar o incluso una botella de licor, sin que conocieran el verdadero valor de las tierras.
Una de las fincas recuperadas se convirtió en un bosque secundario mediante un proyecto que vinculó la reforestación con el turismo.
Durante sus recorridos, los visitantes sembraban árboles. Con el paso de los años, el antiguo potrero comenzó a transformarse en bosque.
"Cada familia asumió el compromiso de reforestar y desarrollar su propio proyecto de restauración", explicó.
Recuperar la tierra para conservar la cultura
En el territorio Ngäbe, una comunidad recuperó una finca de 45 hectáreas y decidió destinarla exclusivamente a la conservación.
El terreno también sirve para desarrollar talleres destinados a mantener vivos conocimientos y prácticas culturales.
Edgar Atencio, indígena e impulsor del proyecto, explica que proteger el ambiente también forma parte de la cultura de su pueblo.
"Nuestros artesanos, médicos tradicionales y muchas de las prácticas de nuestros pueblos dependen del bosque. Queremos que las futuras generaciones puedan seguir utilizando esos conocimientos y mantener viva nuestra cultura", afirmó.
Atencio sostiene que, aunque los pueblos indígenas suelen ser reconocidos como guardianes de los bosques, muchos Estados todavía carecen de políticas efectivas para garantizar la conservación de estos ecosistemas dentro de los territorios indígenas.
Por eso, las propias comunidades impulsan proyectos de protección y restauración forestal para preservar el patrimonio natural y cultural y transmitirlo a las nuevas generaciones.
También buscan demostrar que los pueblos indígenas pueden liderar acciones concretas para proteger el ambiente mientras fortalecen su identidad, sus conocimientos tradicionales y su relación espiritual con la naturaleza.

Finca Roga. Foto: Edgar Atencio.
Recuperar el bosque también es recuperar la historia
En Térraba, Paulino Nájera recuerda que hace más de cuatro décadas el paisaje era muy distinto.
Durante su infancia todavía alcanzó a conocer parte del bosque original, pero también presenció su destrucción. Esa pérdida, asegura, afectó la identidad del pueblo.
"Cuando cayeron nuestros bosques y nuestras montañas, también cayó nuestra historia, nuestras costumbres, nuestras tradiciones y nuestra espiritualidad", relató.
Esa experiencia dio origen al proyecto Rincón Ecológico Cultural Térraba.
Desde entonces, la comunidad ha sembrado cerca de 37.000 árboles de especies nativas, recuperado plantas medicinales y protegido fuentes de agua.
Actualmente, el sitio funciona como un espacio de turismo ecológico y cultural. Recibe a estudiantes nacionales y extranjeros para promover la conservación ambiental y el conocimiento de la cultura indígena.
Proteger especies amenazadas
La restauración también permite desarrollar proyectos para proteger especies en peligro de extinción.
Oscar Ortiz, también del territorio Térraba, participa en un programa de monitoreo de la serpiente plato negro y el sapo arlequín, ambas especies amenazadas.
El proyecto realiza recorridos periódicos para conocer el estado de sus poblaciones, identificar amenazas y generar información que contribuya a su conservación.

Rincón Ecológico Cultural Térraba
Un proceso que aún continúa
Costa Rica reconoce 24 territorios indígenas donde habitan ocho pueblos originarios: huetar, maleku, ngäbe, chorotega, bribri, cabécar, brörán y brunca. En conjunto, representan cerca del 2,4% de la población nacional.
La Ley Indígena, aprobada en 1977, estableció que estos territorios son inalienables, imprescriptibles y de uso exclusivo de los pueblos indígenas. Por eso, no pueden venderse ni pasar legalmente a manos de personas no indígenas.
La legislación también asignó al hoy Instituto de Desarrollo Rural (Inder) la recuperación de las tierras ocupadas por no indígenas. En 2016, la institución puso en marcha el Plan de Recuperación de Territorios Indígenas (RTI), orientado a identificar la tenencia de la tierra y facilitar su devolución a las comunidades.
Dirigentes indígenas consideran que el avance sigue siendo insuficiente. Por eso, muchas comunidades impulsan procesos de recuperación por iniciativa propia.
Estos procesos han estado acompañados de amenazas, agresiones, incendios e incluso asesinatos. Entre las víctimas se encuentran los líderes indígenas Sergio Rojas, asesinado en 2019, y Jerhy Rivera, asesinado en 2020.