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Opinión: Transporte aéreo aterriza las emisiones de carbono

La lucha internacional contra el cambio climático se encuentra en un momento de gran optimismo.

Recientemente se superó el segundo umbral provisto en el Acuerdo de París para su entrada en vigor el próximo 4 de noviembre. Éste requería la ratificación de al menos 55 Estados Parte en la Convención Marco sobre el Cambio Climático que juntas sumaran, como mínimo, el 55% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

Con la ratificación por parte de la Unión Europea el 5 de octubre pasado, el acuerdo ha sido aceptado por 72 Partes que representan un 56,75% de dichas emisiones.

Un día después de este histórico momento, la aviación internacional propició un significativo avance en la tarea por un planeta más habitable, mediante el consenso para disminuir sustancialmente las emisiones de CO2, provenientes principalmente del uso de combustibles fósiles.

En efecto, según informes del Fondo Mundial para la Naturaleza, si la industria de la aviación fuese un país, estaría en el top 10 de las naciones que generan mayores emisiones de carbono. Asimismo, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático ha señalado que el transporte aéreo es responsable por aproximadamente 1.3 por ciento de las emisiones globales.

Ese 1.3 por ciento será enfrentado con un conjunto de medidas agrupadas por medio de una declaración suscrita el 6 de octubre pasado en Montreal, durante la 39 Asamblea Trianual de la Organización de la Aviación Civil Internacional (OACI). La iniciativa será posible gracias a un plan internacional de medidas basadas en el mercado (MBM), para garantizar un crecimiento sin aumento de las emisiones de CO2 a partir del año 2020, y en el marco de la implementación del Plan de compensación y reducción de carbono para la aviación internacional (CORSIA).

En este sentido, las aerolíneas podrán comprar "unidades de emisiones" generadas por iniciativas que reduzcan las emisiones de CO2 en otros sectores de la economía, por ejemplo, proyectos de energía renovable.

Este plan comenzará a aplicarse en dos fases voluntarias, denominadas preliminar (2021-2023) y fase primera (2024-2026), junto con una etapa posterior y obligatoria para los Estados Parte de OACI, desde el 2027 y hasta el 2035.

El programa será de aplicación para todos los explotadores de aeronaves en las rutas de los vuelos internacionales entre dos Estados participantes en dicho plan. El CORSIA, en virtud de los señalamientos de varios Estados y de la IATA, contiene diversas salvaguardas para garantizar el desarrollo sostenible del sector y evitar que la aviación internacional soporte una carga financiera desproporcionada.

Por ejemplo, no se aplicará a niveles bajos de actividad de aviación civil; esto es, explotadores de aeronaves cuya actividad de aviación internacional genere anualmente menos de 10,000 toneladas métricas de emisiones de CO2.

Aunado a este plan, la OACI ha apuntado la necesidad de que los Estados hagan los mayores esfuerzos para impulsar el avance en las tecnologías de la aviación, las mejoras operacionales y los combustibles alternativos sostenibles, y así lo reflejen en sus planes de acción del CORSIA.

Merece la pena recordar las inspiradoras palabras de la gestora de las negociaciones del Acuerdo de París, Christiana Figueres: "Lo imposible no es una verdad absoluta, es una actitud". Hasta el momento, la aviación internacional no había logrado concretar esfuerzos para neutralizar su huella de carbono; por ende, es motivo de celebración que el sector, de manera progresiva, ha optado por compensar las emisiones y contribuir con la disminución de la temperatura global, así como con los compromisos adquiridos por la comunidad internacional en París.

Estas medidas son de gran valor y urgencia, pues buscan atenuar las crisis climatológicas que están afectando principalmente a las poblaciones más vulnerables. Es necesario que se sumen todos los Estados miembros de la OACI a la fase voluntaria y a la implementación del plan (al momento han manifestado su interés 65 países, de la región latinoamericana: Costa Rica, Guatemala y México).

Sin embargo, debe reconocerse una vez más que el sector privado, los organismos internacionales y la sociedad civil son fundamentales en la concatenación de los retos que nos desafían como humanidad.

Diego Piedra
Abogado

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