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Ciencia

Antes de la NASA estuvo ella, la mamá detrás de la fuerza de Sandra Cauffman

14 de Ago. 2026 | 2:02 am
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Cuando Sandra Cauffman piensa en su mamá, la primera imagen que aparece no es una fotografía familiar ni un momento de celebración.

La recuerda trabajando. A veces tenía dos o tres empleos al mismo tiempo. Hacía lo necesario para alimentar a sus hijos, darles un techo y mantenerlos estudiando.

La ingeniera costarricense, que desarrolló una carrera de 35 años en la NASA, atribuye buena parte de la fortaleza que la llevó hasta allí a una mujer: su mamá, María Jerónima Rojas Montero.

Para Cauffman, detrás de la ingeniera que logró abrirse camino, superar obstáculos y asumir grandes responsabilidades, siempre estuvo ella.

"No puedo describir el número de veces en que ella ha sido el pilar donde he construido absolutamente todo", afirma Cauffman.

María Jerónima no podía enseñarle física, matemáticas o ingeniería. Pero, según Sandra, le enseñó algo igual de importante: disciplina, perseverancia y la capacidad de continuar incluso cuando parecía no haber salida.

"La ingeniera tal vez se formó en las aulas, pero la mujer que tuvo la fortaleza para estar y permanecer en esos espacios se formó con mi mamá", asegura.

Una máquina de coser

Sandra describe a su mamá como una mujer fuerte, valiente, trabajadora, generosa y con una fe inmensa.

La vida la puso a prueba una y otra vez.

La familia perdió la casa, los muebles y prácticamente todo lo que tenía. Vivieron en cuartos prestados, casas de huéspedes e incluso en una oficina.

Pero hay una imagen que Sandra conserva con especial claridad.

En un momento, una enfermedad grave dejó incapacitada a su mamá y le hizo perder sus trabajos. María Jerónima apenas podía levantarse.

Entonces comenzó a coser ropa interior para una fábrica. Sandra todavía la recuerda sentada a la orilla de la cama, frente a su máquina de coser.

"Su máquina de coser, que todavía la tiene, nos dio de comer tantas veces", relata.

María Jerónima también vendió muebles, ollas, ropa y todo aquello que pudiera convertirse en dinero. Hubo carencias, inestabilidad y momentos en los que prácticamente no tenían dónde vivir.

Pero hubo algo que, según Sandra, su mamá nunca puso en duda: los estudios.

Siempre los estudios

Cuando Sandra tuvo que trabajar siendo menor de edad, María Jerónima acudió al Patronato Nacional de la Infancia (PANI) para conseguir el permiso correspondiente.

Sandra trabajó algunas horas en una tienda y consiguió un poco de dinero. Pero su mamá tenía claro que aquel trabajo no podía reemplazar el colegio.

"Siempre eran los estudios primero", recuerda Sandra.

Incluso en los momentos de mayor dificultad económica, María Jerónima protegió la posibilidad de que sus hijos continuaran estudiando.

No lo hizo mediante grandes discursos. Lo hizo trabajando, buscando los materiales que necesitaban y encontrando un nuevo lugar para vivir cuando perdían otro.

También se negó a convertir las carencias de la familia en un límite para el futuro de sus hijos.

Sandra recuerda que su mamá nunca detuvo sus aspiraciones. No tenían dinero, estabilidad ni conexiones.

Pero María Jerónima nunca le hizo creer que esas ausencias determinarían hasta dónde podía llegar.

Tampoco consideró que ser una niña fuera una razón para renunciar a una gran meta.

Ese mensaje quedó en Sandra. Años después, cuando aparecieron obstáculos en su propio camino, volvió una y otra vez a lo aprendido en casa.

Cuando su mamá estuvo a su lado pensando que podía morir

La presencia de María Jerónima no estuvo solamente en los momentos de dificultad económica. Sandra recuerda uno de los episodios más difíciles de su infancia.

Tenía 9 años cuando se clavó un clavo herrumbrado en la planta del pie mientras caminaba por el patio.

En emergencias le colocaron una inyección contra el tétanos. Sandra era alérgica y sufrió una reacción que casi le costó la vida.

Terminó durante varios días en cuidados intensivos. Se hinchó y tenía dificultades para respirar. Los médicos le dijeron a su mamá que se preparara para lo peor.

Sandra podía morir. María Jerónima permaneció a su lado. Rezaba y no perdió la esperanza.

Sandra sobrevivió. Décadas después, aquel recuerdo sigue siendo una muestra de lo que su mamá representó para ella en los momentos más oscuros.

"Siempre ella estaba ahí al lado mío, rezando", recuerda.

Aprender a levantarse

Sandra no identifica una única frase de su mamá que explique todo lo que aprendió de ella. Lo resume, más bien, en su forma de vivir.

María Jerónima no esperaba a que las condiciones fueran perfectas para actuar. Si no encontraba trabajo, buscaba otro. Si el dinero no alcanzaba, encontraba alguna manera de producir. Si perdían una casa, buscaban un cuarto y comenzaban nuevamente.

"Ella decía: 'Me tiro al agua, voy a aprender a nadar'", recuerda Sandra.

Ese modo de enfrentar la vida también la acompañó en su carrera.

Sandra asegura que pensó muchas veces en su mamá mientras enfrentaba proyectos complejos, plazos que parecían imposibles y decisiones de enorme responsabilidad.

Recordaba cómo su mamá se concentraba en dar el siguiente paso incluso cuando el problema parecía demasiado grande.

Eso le dio fuerza y también la preparó para enfrentarse a quienes dudaron de sus capacidades.

Sandra recuerda que en la Universidad de Costa Rica (UCR) le dijeron que no podía ser ingeniera eléctrica porque era mujer. Para entonces, asegura, ya llevaba consigo la fortaleza que había aprendido de su mamá.

Más adelante entró a espacios profesionales donde había pocas mujeres y todavía menos latinas.

Su respuesta fue prepararse, hacer bien su trabajo y evitar que los prejuicios de otras personas se convirtieran en sus propios límites.

Había visto a su mamá hacer algo parecido durante toda su vida.

La niña que estudiaba mientras su familia intentaba sobrevivir

Con los años llegaron los logros profesionales de Sandra y su mamá los vivió como propios.

Sandra cuenta que María Jerónima veía en cada reconocimiento algo más que un título, un puesto o una medalla. También representaba la confirmación de que tantos años de esfuerzo habían valido la pena.

Ver a su hija en posiciones de liderazgo en la NASA y participar en misiones de impacto mundial tenía un significado particular.

Porque María Jerónima conocía toda la historia. Había visto a aquella niña estudiar mientras su familia luchaba por sobrevivir.

Al recordar ese contraste, Sandra no puede contener la emoción.

"¡Ya me voy a poner a llorar!", dijo.

Su mamá todavía se lo recuerda:

"Sandra, pasaste 35 años en la NASA y te los ganaste".

Sandra siempre le responde lo mismo:

 "Pero nunca nada de eso hubiera sucedido si no hubiera sido por usted".

Todavía sigue buscando a su mamá

María Jerónima sigue presente en la vida cotidiana de Sandra y vive con ella.

La relación no terminó cuando Sandra creció, desarrolló su carrera o acumuló años de experiencia. A sus 64 años, cuando tiene una duda, Sandra todavía busca a su mamá para hablar.

Le cuenta sus cosas. La escucha.

Y María Jerónima, dice entre cariño y humor, todavía la trata como si fuera una niña.

Por eso, cuando habla de lo que su mamá significa para ella, evita referirse a su legado únicamente en pasado.

Prefiere hablar de un legado que sigue construyéndose.

"Mami me enseñó que la verdadera fuerza no consiste en nunca caer, sino en encontrar siempre una razón para levantarse y continuar", concluyó.