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Ciencia

Día de los Océanos: Microplásticos invaden desde la Isla del Coco hasta nuestra sangre

8 de Jun. 2026 | 12:03 am

 

Los microplásticos no son un problema lejano. Están en los océanos, en los animales marinos, en la lluvia, en los alimentos y también dentro del cuerpo humano.

Investigaciones costarricenses han encontrado estas partículas diminutas en playas, fondos marinos, peces, moluscos, crustáceos, ganado, aves de corral e incluso en la Isla del Coco.

A nivel mundial, diversos estudios también han detectado microplásticos en sangre, placenta, leche materna, cerebro y semen.

Los microplásticos son fragmentos de plástico de menos de cinco milímetros de tamaño. Algunos nacen como partículas microscópicas y otros se forman cuando objetos más grandes, como botellas, bolsas, empaques, redes de pesca o envases, se degradan por efecto del sol, el agua y el desgaste.

En el Día Mundial de los Océanos, expertos advierten que los microplásticos son uno de los problemas ambientales más complejos de la actualidad.

"Lo preocupante es justamente esa combinación: son pequeños, persistentes y químicamente complejos", explicó Juan Sagot, encargado del Laboratorio de Oceanografía Química del Centro de Investigación en Ciencias del Mar y Limnología (Cimar) de la Universidad de Costa Rica (UCR).

Contaminación llegó hasta la Isla del Coco

La académica Andrea García, del Laboratorio de Estudios Marino Costeros (Lemaco) de la Universidad Nacional (UNA), explicó que investigaciones han detectado microplásticos en más del 70% de las muestras analizadas.

Uno de los hallazgos más llamativos ocurrió en la Isla del Coco.

La presencia de microplásticos fue identificada en zonas altas y de difícil acceso, así como en ríos, aguas marinas adyacentes y organismos de agua dulce y marinos.

Para los especialistas, este hallazgo demuestra la magnitud del problema. Si los microplásticos lograron llegar a uno de los sitios más protegidos y alejados del país, prácticamente ningún ecosistema está libre de contaminación.

¿De dónde vienen?

Los expertos señalan que una parte importante proviene de residuos plásticos que se fragmentan con el tiempo. Sin embargo, también existen fuentes menos visibles.

Entre ellas:

  • Fibras sintéticas que se desprenden al lavar ropa de poliéster o nylon.
  • Llantas de vehículos.
  • Pellets utilizados como materia prima para fabricar productos plásticos, pinturas y recubrimientos industriales.
  • Algunos cosméticos.
  • Productos de cuidado personal que contienen micropartículas añadidas.

Magie Rodríguez, gerente de incidencia política de MarViva, explicó que gran parte de esta contaminación termina en el mar, donde se concentra una proporción importante de los microplásticos presentes en el ambiente.

Los residuos plásticos mal gestionados son arrastrados por las lluvias, los alcantarillados pluviales, las quebradas y los ríos hasta las zonas costeras.

A esto se suman las llamadas artes de pesca fantasma: redes, cuerdas y equipos de pesca abandonados o perdidos en el mar, que continúan degradándose durante años y liberando partículas plásticas.

Una amenaza para la vida marina

El impacto sobre los ecosistemas marinos ocurre desde la base misma de la cadena alimentaria.

Los organismos más pequeños pueden ingerir microplásticos al confundirlos con alimento. A partir de ahí, las partículas avanzan de especie en especie mediante la alimentación natural.

Los científicos advierten que los microplásticos pueden acumularse a medida que avanzan por la cadena alimentaria. Por ejemplo, un pez pequeño consume partículas de microplástico y luego es comido por un pez más grande, que acumula aún más partículas.

Además, pueden provocar en diferentes especies:

  • Desnutrición.
  • Sensación falsa de saciedad.
  • Inflamación.
  • Irritación.
  • Obstrucciones.
  • Asfixia por afectación de tejidos respiratorios o branquias.

Los microplásticos también funcionan como vehículos para otros contaminantes.

Según Sagot, sus superficies pueden absorber hidrocarburos, plaguicidas y otros compuestos presentes en el ambiente. También pueden convertirse en hábitats para microorganismos. Esto agrega riesgos químicos, biológicos y ecológicos a una contaminación que inicialmente parecía ser únicamente física.

El problema también está dentro de nosotros

Durante años, la preocupación se centró en los daños a la fauna marina. Sin embargo, la evidencia científica también comenzó a mostrar que los seres humanos están expuestos.

García señaló que investigaciones científicas han encontrado microplásticos en sangre, leche materna, placenta y cerebro. En la misma línea, Melissa Álvarez, de MarViva, advirtió que estas partículas también han sido detectadas en semen y tejidos del sistema reproductor femenino.

La evidencia disponible también ha asociado la exposición a compuestos presentes en los plásticos con alteraciones endocrinas, problemas de fertilidad, inflamación y otros posibles efectos sobre la salud.

Los expertos aclaran que aún se requieren más investigaciones para determinar con precisión los impactos a largo plazo y los niveles de exposición que podrían generar enfermedades específicas. Sin embargo, consideran que la información existente es suficiente para justificar acciones preventivas.

Invasión de plástico

La magnitud del problema también se refleja en la cantidad de plástico que el país genera cada año.

Según datos citados por Sagot, correspondientes al estudio Huella Plástica de Costa Rica, durante 2022 se produjeron aproximadamente 229.000 toneladas de residuos plásticos domésticos. De esa cantidad, apenas 28.000 toneladas fueron recicladas.

La diferencia evidencia que una enorme cantidad de plástico termina enterrada, abandonada en el ambiente o arrastrada por ríos y alcantarillas hasta el mar, donde se fragmenta en partículas cada vez más pequeñas.

Para los especialistas, el desafío es que una botella o una bolsa pueden recogerse de una playa, pero cuando esos residuos se convierten en miles de fragmentos microscópicos, la recuperación se vuelve prácticamente imposible.

"Cuando el plástico llega a microplástico, el país pierde capacidad de control y entra en una etapa más costosa, más compleja y más difícil de revertir", advirtió Sagot.

El mito de los plásticos biodegradables

Ante la creciente preocupación ambiental, muchos consumidores optan por productos etiquetados como biodegradables porque creen que representan una solución definitiva.

Melissa Álvarez explicó que una investigación realizada por MarViva y el Cimar puso a prueba algunos de estos materiales en composteras.

Tras pasar por las composteras, los productos permanecieron prácticamente intactos. Según explicó, bastó con lavarlos para que quedaran "impecables".

La razón es que muchos de estos materiales requieren condiciones muy específicas de humedad, temperatura y manejo para degradarse, condiciones que generalmente solo existen en instalaciones especializadas o de laboratorio.

Además, persisten dudas científicas sobre si algunos materiales que aparentemente se degradan podrían terminar convirtiéndose en microplásticos.

Esto demuestra que sustituir un plástico convencional por uno etiquetado como biodegradable no necesariamente resuelve el problema de fondo.

Una regulación que sigue quedándose corta

Aunque Costa Rica ha impulsado algunas medidas para reducir la contaminación plástica, los especialistas consideran que el país mantiene importantes vacíos para enfrentar el problema de los microplásticos.

"Todo es un vacío normativo en este momento", afirmó Rodríguez.

La experta señaló que la legislación vigente se enfoca principalmente en bolsas y botellas plásticas, pero no aborda de manera integral muchas de las fuentes que generan microplásticos.

Si bien existen iniciativas relacionadas con residuos marinos, proyectos sobre microplásticos en cosméticos y medidas para gestionar las artes de pesca fantasma, considera que aún falta una estrategia mucho más amplia.

Sagot coincide en que el país necesita avanzar hacia regulaciones que incluyan los microplásticos añadidos intencionalmente en productos, el control de pellets industriales, textiles sintéticos, desgaste de llantas y otras fuentes que hoy continúan liberando partículas al ambiente.

Los expertos coinciden en que la solución pasa por atacar el problema desde su origen: reducir la producción y el consumo de plástico, fortalecer la investigación científica, mejorar la gestión de residuos y avanzar hacia regulaciones más robustas. De lo contrario, una contaminación casi invisible seguirá acumulándose en los ecosistemas marinos y también en las personas.

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