El drama del Turismo: De remolcar la economía a esperar un milagro
El año pasado la "industria sin chimeneas" costarricense generó casi $4.000 millones en divisas y un 8,8% de los empleos del país
(CRHoy.com).- Los turistas que antes inundaban nuestros veranos hoy no están. Se los llevó la pandemia a la casa. De repente, la emergencia por el COVID-19 dejó al sector turístico a la espera de un milagro en otro verano. En otra vida, la vida que le aguarda al mundo cuando tenga el arma para vencer al nuevo coronavirus.
Cuándo volverá esa normalidad es la pregunta del millón de dólares. La que aún no tiene una respuesta contundente.
El SARS-CoV-2 golpeó a Costa Rica donde más le duele. Desató rudamente el nudo que unía a la economía al crecimiento del sector turístico, uno de los más pujante en la frágil economía interna.
Los números dan una idea de la importancia de la actividad: Solo en el 2016, según estimaciones del Banco Central de Costa Rica (BCCR), el turismo representó un 6,3% del producto interno bruto (PIB).
En cuatro años, entre el 2012 y el 2016, el dinamismo del turismo hizo que la actividad creciera a ritmo galopante. Ni más ni menos que un 3,4%. El Programa Estado de la Nación (PEN), relata que ese aceleramiento fue muy mucho mayor al que tuvo en promedio en resto de la economía en el mismo periodo.
Ese mismo instituto de investigación recuenta que entre marzo y abril del 2018, la temporada alta de aquel año, Costa Rica registró 589.000 visitas de turistas, casi una quinta parte de las llegadas internacionales que hubo ese año.
Aquel periodo dejó un ingreso por divisas por concepto de la industria del turismo del orden de los $3.823 millones, un año antes, en el 2017, el negocio le dejó al país ¢3.715, y en el 2019 la cifra fue de ¢3.983 millones, según el Instituto Costarricense de Turismo con cifras del BCCR.
La gallina de los huevos de oro cacareaba y ponía sin descanso y, consigo, cuidada de sus "pollitos" con entrega: se trata de múltiples negocios y productos asociados que dependen directamente del calibre de la visitación de turistas al país.
Un 8,8% de los empleos en Costa Rica lo generó en el 2019 el sector turismo. En blanco y negro eran 219.000 puestos de trabajo que obtenían su sustento de los $1.400 que gastaron hasta el año pasado en promedio los turistas durante su estadía en el país, según datos del ICT.
Hasta que llegó el COVID-19
Hoy el sector turístico costarricense ya no extiende las alas, ni resguarda a ningún polluelo debajo de ellas. Está enjaulado en la más compleja de las coyunturas que le ha tocado enfrentar.
Desde que se dieron los primeros casos de COVID-19 en el país, hace un mes, el Gobierno anunció medidas rigurosas para impedir un brote en pico de la enfermedad que pusiera en aprietos al sistema hospitalario que, desde antes de la emergencia, carecía de las condiciones para hacerle frente a una pandemia de este tipo.
Nadie en su sano juicio rechazaría lo oportunas que fueron para la salud humana esas medidas. Sin embargo, detrás de ellos, los decretos ejecutivos que firmó el presidente de la República, Carlos Alvarado, para imponer las nuevas reglas del diario vivir, dejaron tendidos cientos de miles de empleos ligados al turismo.
La investigadora del PEN, Pamela Jiménez Fontana, enumeró los efectos de esas directrices y le puso números a los efectos que tienen sobre cada uno de los órganos del sector turístico.
En un artículo publicado en el sitio web del PEN, el 20 de marzo pasado, la economista detalló que la restricción a la entrada de extranjeros al territorio nacional impacta directamente los servicios de alojamiento y a las agencias de viaje. En su conjunto, esas actividades representan más del 15% de la producción turística del país, estimó la investigadora.
"Estos servicios, además, son importantes demandantes de insumos de otros sectores, es decir, están fuertemente encadenados. Esto quiere decir que el impacto económico del cierre o recorte en las ventas de hoteles afectará de forma extendida otros sectores. Más de una cuarta parte del gasto de los servicios de alojamiento se destinan a la compra de insumos como energía eléctrica, gas, vapor y aire acondicionado, comercio y actividades especializadas de la construcción (Meneses et al, 2019)", afirmó.
Hoy, en la práctica, su afirmación tienen más sentido. Los pescadores del país pegaron el grito al cielo a principios de esta semana.
Mauricio González, director ejecutivo del Sector Pesquero Nacional, afirmó a CRHoy.com que los precios de los productos del mar cayeron un 50% por el cierre de hoteles y restaurantes en las zonas costeras. Así, el drama extendió sus tentáculos y tocó a uno de esos sectores encadenados al turismo que mencionó la investigadora del PEN.
Los pescadores dan testimonio de que las ventas no les alcanzan para costear su manutención básica y le piden al Poder Ejecutivo un plan de apoyo económico de más calado para las familias.
En su artículo Jiménez también cuantificó la magnitud de las consecuencias de la medida ordenada por el Ejecutivo de limitar a un 50% la ocupación de los restaurantes del país, para implementar el distanciamiento social necesario para que el COVID-19 no se transmita.
"Los servicios de comida y bebidas representan un 12,6% de la producción turística total y destacan como uno de los segmentos con alta capacidad de generar encadenamientos", subrayó.
Rayo de sol calienta el verano triste
De nuevo, la realidad es fiel reflejo de esa estimación. El 26 de marzo, seis días después de la publicación del artículo del PEN, la Cámara Costarricense de Restaurantes y Bares (Cacore) anunció que las medidas contra el COVID-19 ya habían dejado sin empleo a 109.000 personas por el cierre de casi 8.000 bares, sodas y restaurantes que vieron caer sus ventas hasta en un 90%, un margen inmanejable para seguir operando en zonas muy afectadas como San José, Puntarenas y Cartago.
Otro efecto que Cacore midió en esa fecha fue que 72.000 personas empezaron a laborar con la jornada reducida, lo que implicó una caída de un 50% en sus ingresos por salarios.
La ecomista del PEN también dibujó la cruda realidad que enfrentan zonas específicas del país donde las medidas para repeler el COVID-19 causarán peores estragos. Esas zonas, precisamente, estaban antes de la pandemia entre las pobres del país y con menos fuentes de empleo.
"En la región Chorotega y Pacífico Central, el sector de alojamiento y restaurantes representa un 20% y un 15%, respectivamente, de la actividad económica total (Jiménez-Fontana y Segura, 2019). De acuerdo al ICT (2018), el 56% de la oferta de habitaciones está concentrado en Guanacaste y Puntarenas", estimó.
"Es importante considerar que los recursos naturales son uno de los principales atractivos turísticos de Costa Rica, el cual incluso se ha fortalecido a través de campañas publicitarias a nivel internacional. La afluencia de turistas en las ASP (Áreas Silvestres Protegidas) ha aumentado de forma considerable: de 720.514 personas en el año 2000, a 2.142.580 en el 2018. Diez ASP concentran el 84% de las visitas"; indicó Jiménez. Hoy todas las ASP están cerradas.
"La pandemia del COVID-19 tendrá un alto impacto en materia económica y social, aunque aún no es posible precisar con exactitud su magnitud", concluyó la investigadora.
Un rayo de esperanza se asoma para el sector turístico entre los nubarrones que hoy oscurecen un verano triste. Según Jiménez, el país cuenta con un insumo muy importante para empezar a planear la reconstrucción del tejido empresarial sobre el que descansa la industria sin chimeneas.
"Costa Rica cuenta con información detallada sobre la estructura productiva de la industria turística y sus encadenamientos productivos. Esto quiere decir que se cuentan con los insumos para comenzar a diseñar un plan de recuperación. Por ejemplo, implementar una política que se enfoque en aquellos bienes y servicios del sector turismo que generen más encadenamientos productivos y que estén más conectados con las empresas locales, especialmente aquellas ubicadas en las regiones más perjudicadas", señaló.
Por ahora la incertidumbre, el miedo y la pobreza son los únicos que se pasean, amenazantes, por las playas ticas.


