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Ed Sheeran en Costa Rica: Una guitarra, un loop y miles de ‘bolsas kanguro’

El británico construyó canciones capa por capa frente a unas 20.000 personas y ofreció una demostración de virtuosismo, cercanía y oficio que desafió la lluvia de la tarde josefina

Foto: Cortesía Mario Madriz / Move Concerts

Lo más extraordinario del concierto de Ed Sheeran no fueron las pantallas gigantes, ni el despliegue audiovisual, ni siquiera las cerca de 20.000 personas que llegaron al Estadio Nacional la noche del sábado. Fue algo mucho más simple y, a la vez, mucho más difícil de encontrar en los grandes espectáculos de la actualidad: durante poco más de dos horas, un hombre prácticamente solo sobre un escenario convirtió el recinto de La Sabana en una gigantesca máquina de loops, construyendo canciones capa por capa frente a los ojos del público.

El concepto es el corazón del Loop Tour y también la explicación de por qué el británico sigue siendo una propuesta tan singular dentro del pop contemporáneo. Un loop es una secuencia musical que se graba y se reproduce continuamente. Sobre esa base, Sheeran va añadiendo nuevas capas de sonido hasta completar una canción. Lo que el público escucha como una banda completa nace, en realidad, de una sola persona armada con guitarras, un teclado, una estación de loops controlada con los pies y una capacidad de concentración admirable.

La mecánica podría sonar fría o excesivamente técnica sobre el papel, pero en vivo ocurre exactamente lo contrario. Hay algo fascinante en observar cómo una canción se construye frente a uno. Primero llega una progresión de guitarra, luego otra, después una línea rítmica creada golpeando el cuerpo del instrumento, más tarde armonías vocales, efectos y texturas que poco a poco transforman una idea sencilla en una pieza completa.

Para quien disfruta observar el trabajo de los músicos, el concierto del pelirrojo fue una auténtica clase magistral. Y lo más interesante es que Sheeran no necesita hacerlo así. Su carrera le permitiría apoyarse en pistas pregrabadas o en una banda permanente que asumiera parte de la responsabilidad sonora. Sin embargo, parece haber tomado la decisión consciente de mostrar el proceso y asumir personalmente cada nota que escucha el público.

Eso no significa que el espectáculo sea austero. Todo lo contrario. El británico llegó acompañado por una producción visual de enorme nivel, una de las más impresionantes que han pasado recientemente por el país. Mientras él levantaba las canciones prácticamente solo, las pantallas envolvían el escenario con animaciones, efectos y secuencias visuales cuidadosamente diseñadas que aportaban una dimensión casi cinematográfica al concierto.

En un montaje donde el protagonista suele estar solo sobre la tarima, los audiovisuales terminan convirtiéndose en un músico adicional, uno que nunca roba protagonismo, pero que enriquece la experiencia. Se percibe claramente el nivel de inversión y planificación detrás de un espectáculo que entiende perfectamente cómo llenar visualmente un estadio sin necesidad de poblarlo de músicos, bailarines o escenografías excesivas.

También ayudó la configuración del show. Además de la enorme plataforma principal, Sheeran dispuso de un segundo escenario ubicado en medio de la gramilla, una decisión que le permitió romper la distancia que inevitablemente genera un recinto tan grande como el Estadio Nacional. Durante toda la noche transitó entre ambos espacios con naturalidad, manteniendo una energía constante y una comunicación cercana con los asistentes.

Foto: Cortesía Mario Madriz / Move Concerts

Esa cercanía también se manifestó en su trato con el público. A lo largo de la noche, Sheeran se mostró comunicativo, relajado y sinceramente agradecido por la respuesta de los asistentes. No parecía estar recitando las frases de cortesía habituales que suelen acompañar cualquier gira internacional. Más bien daba la impresión de comprender perfectamente el esfuerzo que implicaba estar ahí aquella noche. En uno de sus intercambios con la audiencia reconoció que muchas personas no solo habían tenido que atravesar la ciudad bajo la lluvia para llegar al estadio, sino también resolver las complicaciones cotidianas que supone darse una escapada a un concierto en plena vida adulta.

Habló de quienes debieron conseguir niñera para poder asistir y de quienes hicieron largos desplazamientos para acompañarlo. Son detalles pequeños, pero ayudan a explicar por qué, más allá de los éxitos y las cifras, este cantautor tiene una relación tan genuina con sus seguidores.

La lluvia, en realidad, fue más protagonista de la tarde que del concierto. Durante horas castigó con fuerza los alrededores del Estadio Nacional, obligó a retrasar el inicio del espectáculo debido a la actividad eléctrica y complicó la llegada de miles de asistentes.

El principal damnificado fue probablemente Honahlei, el dúo costarricense encargado de abrir la jornada. Cuando salió al escenario, el aguacero era tan intenso que muchas personas optaron por permanecer refugiadas en pasillos, toldos y accesos del estadio mientras esperaban una ventana más favorable para acercarse a sus localidades. Para cuando Sheeran apareció finalmente en escena, la lluvia seguía presente, pero ya era tolerable. Conforme avanzó la noche, el agua fue perdiendo intensidad hasta desaparecer casi por completo durante el tramo final del espectáculo.

De hecho, la jornada confirmó que Costa Rica ya entró oficialmente en su temporada de "bolsas kanguro", esa época del año en que los aguaceros definen el outfit de los asistentes de los conciertos. No importa cuánto tiempo se haya invertido escogiendo ropa, zapatos o accesorios: al final todos terminan siendo parte de una colorida colección de ponchos plásticos. Los grandes ganadores de la jornada, incluso antes de que sonara la primera canción, fueron los vendedores de impermeables apostados en los alrededores de La Sabana.

La imagen de graderías parcialmente vacías podría prestarse para interpretaciones apresuradas, pues sería injusto hablar de una mala convocatoria. La asistencia rondó, a cálculo de ojo, las 20.000 personas, una cifra que muchos artistas firmarían inmediatamente para cualquier presentación en Costa Rica. Lo que ocurrió fue una combinación de factores: una noche lluviosa, un calendario particularmente cargado de conciertos y un artista que ya no llega al país con el mismo impulso mediático de su primera visita, en junio del 2017, cuando abarrotó Parque Viva hasta el último espacio disponible.

Foto: Cortesía Mario Madriz / Move Concerts

Más que un problema de convocatoria, la sensación fue la de un espectáculo que quedó atrapado entre dos escalas. Sheeran ya es demasiado grande para recintos como Parque Viva, pero hoy tampoco parece convocar las cifras necesarias para llenar por completo el Estadio Nacional. En ese sentido, el futuro Rosabal Cordero podría terminar convirtiéndose precisamente en ese recinto de capacidad media que el mercado costarricense lleva años necesitando para giras de este tamaño.

Sheeran sigue siendo una figura relevante, pero hoy ocupa un lugar diferente dentro de la cultura popular. Sus seguidores continúan siendo numerosos y leales, pero pocas de sus canciones publicadas durante los últimos cinco años han logrado instalarse en el cancionero popular con la fuerza de los éxitos que lo convirtieron en una figura global. La reacción del público funcionó como un termómetro bastante preciso: los temas recientes fueron recibidos con atención y respeto; los clásicos, en cambio, provocaron verdaderas explosiones de entusiasmo.

Castle on the Hill fue probablemente el momento más alto de toda la noche. Ahí el estadio pareció recordar exactamente por qué se enamoró de este artista. Lo mismo ocurrió con Photograph, Thinking Out Loud, Perfect y Shape of You, canciones que siguen ocupando un lugar privilegiado en la memoria de varias generaciones de oyentes.

Si el sistema de loops es el motor del espectáculo, la voz es el combustible que permite que todo funcione. Y ahí Sheeran volvió a demostrar por qué es uno de los intérpretes más sólidos de su generación. Cantó con precisión y naturalidad durante toda la presentación, moviéndose entre registros muy distintos sin esfuerzo.

A ratos su voz sonaba íntima, casi como si estuviera cantándole al oído a cada persona en el estadio. En otros momentos adquiría una energía contagiosa que transformaba el recinto en una celebración colectiva. A eso se suma un dominio notable del beatboxing y una capacidad para sostener él solo espacios sonoros que normalmente requerirían varios músicos.

La excepción llegó a mitad del concierto con la aparición de Beoga, agrupación irlandesa de folk que acompañó a Sheeran durante un bloque de seis canciones. Fue un cambio de textura bienvenido dentro del espectáculo y una oportunidad para escuchar piezas como Galway Girl en un contexto mucho más cercano al espíritu con el que fueron concebidas. El protagonismo del violín y la evidente complicidad entre los integrantes de la banda y el británico aportaron una atmósfera distinta al recital. Se notaban cómodos, relajados y genuinamente divertidos sobre el escenario.

Otro de los momentos más interesantes llegó durante el popurrí, un recorrido por canciones que Sheeran escribió para otros artistas y que muchas veces el público desconoce que nacieron de su pluma. Incluyó fragmentos de Eastside, 2002, Cold Water, Little Things y Love Yourself, funcionando como un recordatorio de la enorme influencia que el británico ha tenido en la música popular contemporánea más allá de su propia discografía. Pocas veces un compositor puede presumir de haber dejado huella en las carreras de Justin Bieber, One Direction, Anne-Marie o Major Lazer.

Foto: Cortesía Mario Madriz / Move Concerts

Cuando llegó Bad Habits  para cerrar la noche, la lluvia ya era apenas un recuerdo. Después de una tarde marcada por aguaceros, rayos y miles de ponchos plásticos, el Estadio Nacional terminó convertido en una enorme pista de baile. Fue una despedida apropiada para un concierto que no necesitó fuegos artificiales ni grandes artificios para funcionar. Bastaron una guitarra, una máquina de loops, una voz extraordinaria y un músico dispuesto a mostrarle al público cómo se construye una canción desde sus cimientos.

Quizá por eso, más allá de la asistencia o del clima, la sensación al salir del estadio era que Ed Sheeran había ofrecido algo cada vez más raro en los grandes espectáculos contemporáneos: una demostración de oficio. Y de las buenas.

Setlist

Escenario secundario

  1. You Need Me, I Don't Need You

Escenario principal

  1. The A Team
  2. Sapphire
  3. Castle on the Hill
  4. Shivers
  5. Don't

Escenario secundario

  1. Eyes Closed
  2. Lego House
  3. Happier
  4. Give Me Love

Escenario principal – junto a Beoga

  1. Galway Girl
  2. Nancy Mulligan
  3. I Don't Care
  4. Old Phone
  5. Camera
  6. Celestial
  7. Photograph

Escenario secundario

  1. Medley de canciones escritas para otros: Eastside / 2002 / Cold Water / Little Things / Love Yourself
  2. Thinking Out Loud
  3. Perfect
  4. I See Fire

Escenario principal

  1. I'm a Mess
  2. Bloodstream
  3. Afterglow
  4. Shape of You
  5. Azizam
  6. Bad Habits

★ Interpretadas junto a Beoga.

Foto: Cortesía Mario Madriz / Move Concerts

Ficha técnica

Artista: Ed Sheeran

Gira: Loop Tour

Fecha: Sábado 30 de mayo de 2026

Recinto: Estadio Nacional, San José

Duración: 2 horas y 10 minutos (7:30 p. m. – 9:40 p. m.)

Producción: Move Concerts Costa Rica

Invitados especiales: Beoga (Irlanda)

Acto de apertura: Honahlei (Costa Rica)

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