“Sí se puede”: la historia de 3 jefas de hogar guanacastecas que hallaron en una huerta una nueva vida

21 de May. 2026 | 5:10 pm

Hubo un tiempo en que Carolina Canales no sabía si podría sacar adelante sola a sus hijos. La vida cambió de golpe. Hace seis años quedó al frente de su hogar y, como muchas madres jefas de familia, tuvo que aprender a resolverlo todo: trabajo, cuentas, crianza y el miedo constante de no saber si alcanzaría.

Hoy, cuando mira hacia atrás, resume su historia en una frase que repite como una lección de vida: "Sí se puede".

Desde una huerta en Guanacaste, Carolina encontró algo más que trabajo. Halló estabilidad, confianza y una manera distinta de verse a sí misma.

"Mis hijos saben que la palabra rendirse no existe, creen en el 'sí se puede‘", relató.

Carolina es una de las tres mujeres que lideran la huerta Najui de Reserva Conchal, un proyecto agrícola impulsado por mujeres jefas de hogar de comunidades cercanas.

Ahí se cultivan vegetales, hierbas aromáticas y flores comestibles mediante prácticas agroecológicas. Pero detrás de cada cosecha también hay historias personales marcadas por el esfuerzo.

En el caso de Carolina, el proyecto significó recuperar algo que creía lejano: la tranquilidad.

Sus hijos terminaron la escuela, el colegio y una carrera técnica. Ella logró sostener sola a su familia. Pero más allá de lo económico, dice que aprendió a verse como una mujer capaz.

"La vida tiene muchas circunstancias, pero de todas nos tenemos que levantar", afirmó. Y agregó que el trabajo le abrió "las alas de la esperanza" y la libertad de sentirse autosuficiente.

A pocos metros de ella trabaja Filenia Espinoza, quien llegó sin experiencia y sin imaginar cuánto cambiaría su vida. Este es su primer empleo.

Cuando habla de lo que ha conseguido, sonríe con orgullo. No terminó el bachillerato, pero ahora recibe clases para concluirlo. Mientras trabaja, también estudia.

El cambio, dice, se siente incluso en las cosas cotidianas.

Antes dependía más económicamente. Ahora aporta junto a su esposo al hogar y puede comprarles cosas a sus hijas sin sentir que debe pedir ayuda.

"Ya quiero algo y lo compro. Si mis niñas quieren algo, se los compro", relató con satisfacción.

No habla de lujos. Habla de algo mucho más simple: la tranquilidad de poder resolver.

Junto a ellas está Claudia Moreno. Aunque ya había trabajado antes, asegura que esta ha sido la experiencia más significativa de su vida laboral. No solo por lo aprendido, sino por lo vivido.

Hubo momentos difíciles. Situaciones personales en las que tuvo que hacerse cargo de su casa y de sus hijos. También enfrentó problemas de salud y episodios de depresión. Aun así, siguió adelante.

"Me ha ayudado a crecer como persona", resumió.

Como las demás, llegó sin conocimientos sobre agricultura. Aprendió desde cero: riego, siembra y manejo de cultivos.

En la huerta, cuenta, el aprendizaje ha sido constante. Pero también la insistencia. "Si no se nos da, seguimos pulseándola hasta que lo logramos", compartió.

Najui hoy funciona como una huerta agroecológica donde se cultivan alimentos frescos y flores comestibles. Sin embargo, para Carolina, Filenia y Claudia el proyecto terminó siendo algo más profundo que un espacio de trabajo.

Se convirtió en una oportunidad para demostrar, a ellas mismas y a sus hijos,  que incluso después de los momentos difíciles siempre existe una forma de volver a empezar.

Porque, como repite Carolina, rendirse no es opción.

Y sí, sí se puede.

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