Una hora de absoluto terror: Hija y nieta de víctima de secuestro virtual narran su experiencia
Una hija, una nieta y toda la familia de un conductor de una plataforma digital relataron la calamidad que vivieron durante aproximadamente una hora hace dos semanas, cuando fueron víctimas de un secuestro virtual, un tipo de extorsión que se está volviendo común en Costa Rica.
Daniela y doña Maribel contaron a CR Hoy la aterradora experiencia que sufrieron cuando su abuelo y padre, Santiago, fue utilizado por delincuentes para sacarles dinero a cambio de la supuesta liberación de un secuestro que, sin ellas saberlo, era falso.
Los nombres reales fueron cambiados para proteger su identidad. Todo comenzó cuando Santiago se encontraba realizando viajes en la plataforma alrededor de las 7:00 p.m. en un sector montañoso de Cartago.
Daniela recibió una llamada de su abuelo, quien rápidamente le indicó su ubicación antes de cortar la comunicación para atender a un cliente. Dos minutos después, la nieta recibió una fotografía de su abuelo por WhatsApp desde un número telefónico de origen mexicano.
Inmediatamente después de ver la imagen, la joven recibió una llamada de un hombre con acento mexicano que se identificó como Antonio, alias "Z", miembro del cártel de Jalisco. El sujeto afirmó que el abuelo se había metido en una zona donde se reunían altos mandos del cártel y que lo habían retenido por seguridad.
Allí comenzó la extorsión. Le exigieron ₡3 millones para liberarlo, pero Daniela no contaba con esa cantidad de dinero. Tuvo que ofrecer ₡100.000 o, a lo mucho, ₡150.000 que tenía disponibles.
El extorsionador aceptó el monto y prometió pasarle al abuelo para que ella confirmara que estaba bien mientras conseguía el resto del dinero. En ese momento, la nieta estaba sola en casa con su abuela y sin otro celular a mano.
Usó su computadora para conectarse a WhatsApp Web y avisarle a su madre, Maribel, pidiéndole que llamara a la policía. La madre, al recibir el mensaje de su hija, llamó al Sistema de Emergencias 9-1-1 para reportar la situación.
Indicó que Santiago podría estar en algún lugar del barrio y que lo tenían retenido, basándose en las fotografías enviadas a su hija. Aproximadamente 10 minutos después, Maribel recibió una llamada de un número de Colombia.
Le enviaron la misma fotografía de su padre y le dijeron que eran del cártel de Sinaloa, que tenían células en todo el país, que estaban siendo vigiladas y que necesitaban los ₡3 millones para liberar a su padre, quien supuestamente tenía un francotirador cerca.
Los extorsionadores amenazaron con dispararle al conductor si hacían algo indebido o llamaban a la policía, a pesar de que la madre ya había alertado a las autoridades.
La mujer, que venía conduciendo hacia Cartago, les dijo que no podía depositar el dinero en ese momento y pidió tiempo para llegar a casa y utilizar la computadora. Los extorsionadores la presionaron, pero ella mantuvo la promesa de hacer el depósito al llegar.
Al aproximarse a la zona de pesaje en el cerro de Ochomogo, Maribel tuvo la dicha de ver una patrulla de la Fuerza Pública, por lo que se bajó del carro y puso la llamada en altavoz para que los oficiales escucharan las amenazas y la petición de dinero.
La nieta realizó una transferencia, pero la transacción falló. Sin embargo, envió un comprobante a los extorsionadores. Dos minutos después de enviar el documento, Santiago llegó a casa, resguardado por oficiales de la Fuerza Pública.
En ese momento, la nieta cortó la llamada y la familia confirmó que el abuelo estaba bien. Posteriormente, presentaron la denuncia ante el OIJ.
La angustia del conductor
Hábilmente, Santiago logró reportar en la aplicación de la plataforma que tenía problemas de seguridad física, por lo que la empresa se comunicó directamente con la policía. Los oficiales lo ubicaron y lo escoltaron hasta su vivienda.
Más tarde, el adulto mayor explicó que había aceptado un viaje en la plataforma. Durante el trayecto recibió una videollamada de un número de Colombia. Sin percatarse del origen porque venía conduciendo, atendió la llamada y fue entonces cuando le hicieron una captura de pantalla de su rostro.
Esa fue la fotografía que utilizaron para coaccionar a la familia, alegando que lo tenían secuestrado. Al llegar al lugar del viaje, le pidieron referencias, ya que supuestamente iba a recoger a una persona importante.
Él, sin malicia y creyendo en el cliente que solicitó el viaje, dio su nombre completo, otros datos personales y los números de teléfono de su hija y su nieta, lo que explica por qué ambas fueron contactadas.
Además, los delincuentes ya tenían en su poder la marca, el color y las características del carro por medio de la aplicación. Esos fueron los mismos datos que utilizaron para amedrentar a Daniela y Maribel.
Después de una conversación inicialmente amable, comenzaron las amenazas. Le dijeron que si se movía le dispararían, que había francotiradores y que se había metido en una zona prohibida.
Santiago, al detectar que los sujetos parecían conocer sus movimientos y tras haber reportado la situación a la plataforma y a las autoridades, decidió moverse del lugar. Esto permitió que la Fuerza Pública lo ubicara con mayor rapidez, ya que el sitio del viaje era montañoso y solitario.
Cuando el abuelo se desplazó, le indicaron que vería un carro con personas que podrían dispararle. Al bajar a la carretera principal, se encontró con un vehículo con las luces altas encendidas, aunque no se pudo confirmar si se trataba del automóvil de los extorsionadores.
Poco después se encontró con la policía, cuyos oficiales lo llevaron a casa. Los extorsionadores no enviaron más fotografías del abuelo, pero sí lo mantuvieron en comunicación.
Tácticas clave
La nieta y la madre escucharon la voz del abuelo durante las llamadas, aparentemente mediante una videoconferencia. Daniela cree que la voz que escuchó al principio sí era en vivo, ya que él le habló en clave, indicándole que estaba en el lugar que le había mencionado en la llamada inicial.
Sin embargo, Maribel considera que la voz que escuchó más tarde pudo haber sido una grabación, ya que cuando intentó hacer preguntas estratégicas para confirmar que estaba bien, los extorsionadores no pudieron responder.
Los delincuentes describieron al abuelo de forma detallada, mencionando el color de sus ojos, su corte de cabello, el color de la camisa, su edad, nombre, cédula, así como la marca, el color y la placa del carro.
Estos detalles, según la nieta, pudieron haber sido obtenidos de la fotografía o de la información que el adulto mayor proporcionó. La transferencia de dinero fue solicitada a una cuenta IBAN del Banco Nacional a nombre de una persona costarricense, cuyo número de cuenta y cédula fueron proporcionados.
Al parecer, el propietario de la cuenta posee antecedentes judiciales por otros casos. Los extorsionadores utilizaron insultos y amenazas, como "no los estuviera chingando", "le iba a cortar los dedos" y "le iba a disparar", para presionar a la nieta a realizar la transferencia.
Ambas mujeres relatan que los oficiales de la Fuerza Pública, la Policía Municipal de Cartago e incluso el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) tuvieron una reacción rápida y eficiente.
Una vez a salvo, incluso uno de los policías habló por teléfono con el sospechoso y le preguntó por qué estaba extorsionando a la familia. El sujeto colgó la llamada.
"Cuando él me llamó, yo sí presentí que algo estaba sucediendo, pero aun así no entendía qué. Sí sentí miedo, porque nada le asegura a uno que realmente él estuviera bien. También impotencia, porque, a pesar de que él me dio una ubicación, no era muy concreta. Entonces era esa incertidumbre de realmente dónde está", relató Daniela.
Operan desde el extranjero
Esta es una de las más de 150 denuncias que el OIJ ha tramitado por secuestros virtuales, de los cuales unos 20 casos han ocurrido en Cartago, la segunda provincia con mayor incidencia de este delito. Las denuncias se han disparado hasta siete veces en comparación con el año anterior.
Pablo Calvo, jefe del Departamento de Investigaciones Criminales del OIJ, explicó esta semana que la modalidad de secuestro virtual se originó en México a principios de la década del 2000, cuando se registraron los primeros casos.
Posteriormente, entre 2013 y 2015, se adoptó en otros países. En Costa Rica se ha detectado que algunas agrupaciones criminales operan a nivel nacional, pero también se ha identificado que otras actúan desde el sur del continente.
Estas organizaciones internacionales realizan llamadas directas a Costa Rica y solicitan pagos a través de plataformas o instituciones financieras que permiten transferencias internacionales, lo que coincide con el caso de Santiago.
Las autoridades judiciales no descartan que estas estructuras estén operando desde prisión, desde donde ya ocurren estafas telefónicas de otro tipo y debido a que, en los países pioneros, los secuestros virtuales suelen ejecutarse desde las cárceles.


