¿Su cuerpo le está avisando que necesita atender su salud mental?

¿Lleva semanas con dolor de estómago, tensión muscular o un cansancio que no desaparece? ¿Duerme mal, aprieta los dientes o sufre dolores de cabeza frecuentes? ¿Cuando alguien le pregunta qué le pasa, responde lo mismo: demasiado trabajo, muchas preocupaciones, poco tiempo para descansar?
Susan Ortiz, psicóloga clínica y psicooncóloga de Grupo Poïesis, escucha con frecuencia explicaciones como estas entre sus pacientes. Le preocupa que algunas personas pasen meses sintiéndose mal sin considerar que necesitan ayuda.
"Que se normalice no quiere decir que sea saludable", advierte.
El malestar emocional no siempre se expresa solo con tristeza o preocupación. También puede acompañarse de cambios en el sueño y el apetito, agotamiento, tensión muscular y molestias físicas.
Cuando el cuerpo permanece en alerta
Ortiz explica esta respuesta con una situación cotidiana: una persona conduce y siente que otro vehículo está a punto de chocarla. El cuerpo reacciona ante el peligro. El problema aparece cuando esa alerta se prolonga, aunque la amenaza inmediata haya pasado.
En la respuesta al estrés participan hormonas como la adrenalina y el cortisol, que ayudan al organismo a responder ante situaciones exigentes. Sin embargo, cuando el estrés se mantiene durante periodos prolongados, puede afectar el descanso y acompañarse de tensión muscular, dificultades digestivas y otros problemas de salud.
El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos incluye los trastornos del sueño, los dolores de cabeza, las molestias digestivas y los problemas cardiovasculares entre los efectos asociados con el estrés crónico.
La psicóloga clínica Silvia Salas también menciona dolores de espalda y molestias gástricas entre los síntomas que pueden acompañar el estrés.
Una señal a la que conviene prestar atención es la persistencia: síntomas que se repiten semana tras semana, interfieren con las actividades cotidianas o afectan la calidad de vida.
El psicoanalista Carlos Bonilla, director de Poïesis, recomienda buscar apoyo psicológico cuando el malestar persiste, especialmente si no encuentra una explicación suficiente en la valoración médica.
Señales que no siempre se reconocen
Hay personas que encuentran imágenes para describir lo que sienten antes de conseguir explicarlo. Bonilla recuerda expresiones de pacientes que hablan de "la pata de un elefante en el pecho" o de "la turbina de un avión en el pecho".
Estas frases describen una presión intensa que puede aparecer durante episodios de angustia. Las crisis de pánico también pueden acompañarse de palpitaciones, sudoración y otras manifestaciones físicas. Ante un dolor de pecho nuevo, intenso o preocupante, es importante buscar atención médica y no atribuirlo automáticamente a la ansiedad.
En otros casos, las señales son menos abruptas: cansancio persistente, noches sin descanso, cambios en el apetito, dolores de cabeza frecuentes o bruxismo, que consiste en apretar o rechinar los dientes.
"Acá lo importante es no esperar a llegar a un desborde o a una crisis para poder llegar a buscar ayuda", señala Ortiz.
Lo que no se logra expresar también pesa
El malestar emocional también puede quedar oculto detrás de las obligaciones diarias. Una preocupación familiar, el enojo o la tristeza pueden acumularse mientras la persona continúa trabajando y cumpliendo con lo que los demás esperan de ella.
Bonilla señala que, bajo la presión de trabajar, subsistir y conseguir dinero, hablar de lo que duele puede parecer un lujo que nunca cabe en el día.
Salas describe la terapia como un espacio para poner en palabras aquello que hasta entonces no se había podido expresar. Identificar las emociones, reconocer qué situaciones generan tensión y hablar de ellas puede ayudar a comprender mejor lo que ocurre.
El malestar también puede repercutir en las relaciones familiares. El agotamiento y la irritabilidad dificultan la comunicación y pueden aumentar los conflictos en el hogar. A esto se suman los mandatos sociales que llevan a algunas personas, especialmente hombres, a ocultar sus emociones por temor a mostrarse vulnerables.
¿Cuándo conviene buscar ayuda?
No hace falta esperar a una crisis para prestar atención a la salud mental. Los especialistas recomiendan observar algunos aspectos de la vida cotidiana: ¿desde cuándo se siente así?, ¿ha cambiado su sueño o su alimentación?, ¿el cansancio le impide realizar actividades?, ¿se repiten las molestias?, ¿hay preocupaciones que no consigue expresar?
También conviene revisar los hábitos, las relaciones y las situaciones que generan estrés. Dormir lo suficiente, realizar actividad física y reservar tiempo para el descanso pueden contribuir al bienestar, aunque no sustituyen la atención profesional cuando se necesita.
Esta información forma parte de un especial elaborado en el contexto del Día Mundial de la Salud Mental . Estas son las otras publicaciones de la serie: